por Valeria Kamenet | Sep 1, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Mar lleno.
Mar de hombres.
Enigmático y secreto
de vida milenaria,
de soles comienzos
cansados de guerra.
Cuna del mundo.
Rompe en su orilla su propia rebeldía
de sales que enamoran;
fogoso mar confuso.
Y en tus huesos de espuma
ofuscan veleros, pájaros nocturnos.
Y tu inmensidad inunda los ojos de grandeza,
por todos los senderos tu extensa indiferencia,
tu sencilla energía.
Mar noble, imponente;
tanta furia y tanta paz,
tanta melancolía.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Amo a mi amor,
y es un sueño…
si lo amo y no encuentro,
y es un sueño…
si la noche es arena,
aunque sienta un beso,
y mis labios suenan artificiales ante tanta seda.
Porqué no dejar que sigan las ruedas en su marcha lenta,
y las olas en ritmo,
el ritmo misterioso de la naturaleza;
y siguiendo este tren se humanice la playa,
y dejarme llevar en el camino,
que la espuma tenga en mi corazón una casa.
Que tus caricias no se vayan con el viento;
yo sé que mis pies llegaron a la rambla.
Y yo soy amanecer,
y ahí van al horizonte las nubes blancas.
…Y qué suerte que estamos,
y no son hadas,
son nuestros cuerpos
y es todo tan sincero,
aunque sea una noche
de sal en los ojos,
son el cielo y el agua
el eco negro de nuestro amor pasajero,
o nosotros su eco,
y dulzura en las manos.
No vasta con tener arena en el pelo,
dejar que entre en la sangre toda la playa,
para que vos seas el mar
que estalle en mi orilla, porque yo tiemblo.
Para que nuestro amanecer…
y el amanecer
no sean pantalla.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Si el Atlántico…
busca su esquina
por mis ojos llenos de musgo
que resbalan su espuma,
que vengan las aguas
que yo las quiero bien,
que yo las quiero bien.
Atlántico metal
caliente de energía;
frío, muy frío,
un frío perforado
en Brasil, Bahía.
Atlántico, seduce mis velas
como él; un poco cristalinas
para que él penetre
sin darme cuenta.
Y que penetren sus aires
que yo los quiero bien,
que yo los quiero bien.
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por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
El alma se despierta,
hasta se vive el espacio,
envuelto de cosquillas
aire vibrando.
De caja de madera
punteo al aire
cuerdas del alma,
y muy pronto llega
el rasgueo de una guitarra.
Maniquí cantora,
se estremece al sentir las manos
en sus líneas de señora,
de porteña ya en vidriera
se está muy bien la viola.
De punteo suelta risitas
como disimulando,
muy otaria va charlando,
la señalan con el dedo,
si la están apuntando.
Y en verdad es muy sencilla,
madera hueca,
nació en los juncos.
Resuena en chacarera
sus prendas de alegrías,
milongas de nostalgias,
la zamba sus tristezas
son lágrimas de amores,
que en bandadas azules
de pañuelos vuelan
como alas de gorriones
en primavera
y en rock revoluciones.
Ella representa,
en tonos lentos,
tonos de fiesta
sus sentimientos,
malas y buenas.
De la caja persona,
la persona caja,
son de las cuerdas
los dedos sus pinceladas,
y está la música
de cien colores;
se ve hasta el aire,
y llega hasta el alma
cuando hablamos con la guitarra.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
Una hermana que corre al monte,
y deja novelas en la frazada,
veranos de vereda,
juego imaginado,
y tantas peleas embalsamadas.
No es la noche que la lleva,
son mil lunas de mareas
cuando el agua tapa la playa.
Ella extiende los brazos
y despacito se aleja
para esta rambla
de ojos mutilados
donde el mar penetra
cuando apunta un ancla
pero poco queda.
Cuando una hermana va caminando
y sin ventanillas no alcanza,
y todos quedan atontados
mirando los rieles
que así aplastan.
Y deja historia
de carpa de familia,
fotos de pincel pasado,
estrellas cegadas, deberes,
meses incendiados,
locuras, terrazas,
siempre Velazco.
Acá hasta el árbol del balcón te espera,
olvidando…que vos soplaste
y el viento ahora te lleva
a nuevos soles
Mares de plata… no,
Mar del Plata;
después la rambla está salpicada,
la del río De la Plata.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
Vos nos enseñaste a estar ausentes;
ella y yo, qué bien asimilamos,
cómo sabemos disimular.
Y aunque todo escape por tus ojos
vos hacés fuerza por no demostrar;
por eso me lastiman tus ojos.
Si se está mucho encima
ya no se siente,
y por eso es que te siento más,
y todo se convierte en lástima,
como si supiera que hay que escapar,
que estás encerrado en esa estatua
que tanto dio seguridad,
y que ella miente.
Vos nos enseñaste a calcular.
Que nadie se entere;
si lo sabrán.
Que nada tiene importancia,
todo da igual.
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