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«Chacho, como arena y oro»

Si vos sos una fuente de emoción para mí,
porqué  las palabras se van con tu corriente de río,
que endulzan mis salares,mares de torbellino;
y te llevás mi poesía como arena y lodo.
El mar se contamina
y ahí estás vos conmigo
y entonces tu fin empieza en mi infinito.
Porqué mis versos se persignan en tus ojos,
y el Neruda de mi alma se mantiene en su nido,
se resguarda del frío,
por la estúpida amenaza que señalen con el dedo,
por creer cursilería ir amando por las calles
y asumimos todo el odio a plena luz del día.
Y por eso es que la rima se pierde en tus besos.
Nuestro amor derrama sangre,
y están castrados mis brotes de tinta.
Mi lírica ternura con vos tan prohibida;
¿justamente de tus manos que me llenan de caricias?
A lo mejor vos conocés de esas palabras,
te las mandó un viento que escaló mis sueños,
rondó por mi inconsciente y encontró mis deseos;
secados en misterio,
sin tinta que los riegue.
Por eso fuiste vos extendiendo mi imperio,
empujando las letras a ras del suelo,
también inconscientemente, por el río…
me vas gestando en arena y oro.

«Canción desesperada»

Porqué se torna todo tan fácil,
precisamente ahora, cuando todo es difícil.
Es que esta misma complicación
lleva a la aplastante simpleza de mediocre;
de hombre práctico y ligero.
Pero yo soy una artista que vivo del sueño;
la mediocridad apunta a las estrellas,
y el arte se alimenta de ellas.
Porqué el cielo se destiñe cuando vibra el miedo,
porqué el miedo se empeña en desteñir al cielo.
Si mis piernas y mis brazos se mueven con el viento,
y nunca se murieron con mi pensamiento,
y todo mi ser reía,
hubo un tiempo en que vivía riendo.
Todo pasa, y acá el cielo de la vida;
si yo sufro en mis impulsos,
en mis sentimientos,
dónde está el censor si no está en mi propio cielo.
Es que hace tiempo que no me encuentro;
entonces no encuentro el sentido.
Sólo un planeta frío con espectros que llaman a la Luna;
mirando hacia el lago,
confundiendo, espejo y espacio,
verdad y mentira;
es que sólo hay un paso para desviar los ojos y verse reflejado,
la luna les sonríe,
y estaban los cipreses,
los espectros ya nadaban para alcanzarlos.
Sus ramas se iban con el viento
balanceando sus hojas,
en el cielo eran valses plateados, de fiestas reales.
Y hace tanto que mi espectro no viaja,
cielo consumido por plagas de langostas,
en mis noches de Versalles.
Se secó la fantasía
y ahora cae en llanto.
Dónde está la inspiración,
también se hunde en las aguas.
¿Voy a perseguirla hasta ahogarme?
Hace mucho que el mundo no habita en mis papeles,
y mi mundo no habita en mis ojos
ni en los ojos del mundo.
No habita en ningún lado.
Es que hace un tiempo no encuentra su hábitat en este planeta frío.
Es que no me habito, es que yo no existo.
Hace tiempo que mi incoherencia no se pinta en estas hojas,
después de existir sin verdad,
y la verdad de la propia fantasía,
ahora vuelco todo después de nada.
Después de luchar contra mi lógica,
idiota, como todas, en el fondo idiota.
Y quiero que esa lunas se derritan,
para respirar por ésta, al menos,
mi canción desesperada.

«Orgasmo existencial»

Se escaparon las palabras,
es aquello mediocre
la muralla de nudos en la espalda,
de nudos en el pecho.
El cemento que impide hundirse en el propio hueco;
y desbordar de la frente,
de los ojos mares a la belleza,
y elevar en vuelo,
con el ideal arrancado,
yendo de nuestra mano para surgir.
Lo real siempre está;
pero es el sueño el que mantiene la inmortalidad.
Que no se vallan las letras
ni esta música tan volada, tan alta, tan fuerte,
ni estos bailarines, ni estas fantasías.
Que no se valla esta fuerza,
tan etérea, tan bella,
que la vida se queda pobre
sin la propia poesía;
esa que sale por las pupilas,
también por las lenguas.
Esa en soledad.
Hace falta un espacio de campo, de mar;
hace falta esta música.
Hace falta este llanto para limpiar,
para desatar, para sacar la muralla,
para desbordar,
para ir a la deriva, para delirar,
en una búsqueda de fuego de vivir
y aprender a cantar.
Si ya sé sentir
aprender a derramar;
aunque un velero pueda naufragar,
encontrar muchas tierras,
muchos mitos, estrellas,
muchos bailarines, muchos poetas,
muchos hombres creando en el cielo y el mar.
Aunque naufrague,
porque también mis velas pueden naufragar,
y no hablo de muerte orgánica,
de mediocridad.
Pero que por efecto de inercia
quede la energía en movimiento.
¡Vamos a empezar de nuevo!
Con la forma impalpable de mi cuerpo
bailando en la superficie del agua
expandida hacia el plexo solar.

«Como a Mahoma lo fue escalando el tiempo»

Y así como Mahoma
él prefirió esperar al horizonte
antes que ir a buscarlo.
Pero siempre que llega pasa inadvertido;
no existe el horizonte si no es en los ojos;
para nosotros es infinito.
Para recibirlo se puso a pescar,
adornó su casa, crecieron lirios,
frente a la planta de albahaca, una parra,
una higuera entre el matorral.
Pasaron los años,
temblaron sus pies hasta tambalear,
así cayó, nariz al piso.
Sus ojos fijos en la tierra seca
entonces tan desencontrada,
secados sus lirios, y entonces se dio cuenta;
no aprendió a caminar.
Fue muy fuerte la caída,
y en su invalidez
de sus recuerdos vivía:
de su pesca, de sus plantas a sembrar.
Y todo sin verlo,viviendo delirios.
Todo sin disfrutar,
sin vivir, sin accionar,
por el mañana;
el que nunca sintió llegar,
al que nunca sintió llegar.

«En el feudo un extraño deseo»

En esa tierra hay un chico,
un chico que canta solo,
canta solo sus tristezas.
Le canta a su sombrero
que corre por las nubes,
las nubes de su llanto secado por el sol.
Le canta a su muñeco
de paja y barro,
y allí está toda su imaginación.
Imagina un mundo sin las grandes pelucas.
Donde todos los techos se levantan al sol.
Donde el pan esté en la tierra,
y la tierra en los mismos hombres,
y los hombres libres sin un señor.
Sin reyes en cunas de oro.
Sin resignación.
Donde «exista» la mentira.
«Y en todo esto no hay coherencia»;
sólo es un niño y su enorme fantasía.
Como un juego imagina
poder luchar,
y rebelarse, rebelarse a Dios,
a su atadura,
no padecer para la otra vida.
Un mundo sin castillos
y en el campo agonía…
…»y en el cielo injusticia»
que cae en su mesa,
en mil mesas,
como un rayo todos los días.
Y sueña, en su canción;
pero él sabe que en verdad no hay mentiras,
que su padre le habla de la inquisición.
Entonces se aleja de aquella «perversión».
Y encuentra hermosura
como todos ellos
cuando baja el sol,
cuando llega el sol,
cuando el crepúsculo gana estrellas
y el horizonte se aleja.
Con el cielo en los ojos hacia el futuro,
la conciencia tranquila por el ayuno.
Y el niño canta sobre una piedra.
Le canta al frío,
para ver si por su cuerpo pasa inadvertido,
le canta a su hambre
para que se duerma.
Le canta a su extraño deseo:
Que en la diferencia natural de los hombres,
sus ambiciones, sus pensamientos,
esté el derecho igualitario de posesiones,
que todos coman,
que todos sientan ganas por esta vida
en el mundo entero.

«Un amor que recogí del mar»

Yo tuve un amor una vez,
un amor que recogí del mar…
…Y lo regresé a uno que inventé,
más inmenso en mi humanidad.
Porque me hundo, llego hasta él,
lo siento mucho más que cuando está,
y tan lejano que me hundo más.
Para encontrar el coral donde está durmiendo,
o hallar el temporal que se perdió en el cielo;
aquel que llamó a la espuma
para hacernos playa y poder amar.
Para preguntarle cuál es su fiesta en este momento,
en qué noche despertará para mis sueños,
vive en ellos. Y en el mar al que lo regreso.
Se remontará el temporal al cordón de esta ciudad,
y busco en la noche un invierno que ya no está.
El tiempo en mi sentimiento…
…está muy nublado en mis ojos dormidos y abiertos
mirando ese mar…,
un piso frío mojado por mis lágrimas
donde él navega buscando luces de nuestra ciudad,
o el faro en la rambla,
o la música del bar;
para que junto al agua de mis olas amargas
venga el arco iris…u otras vacaciones
y no lo llore más.