por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
Porqué intentar frenar la locura,
o esa parte que se dice loca
de no verla nunca;
de encarcelar con censura,
tras rejas de miedo
barrotes de culpas.
Porqué no demostrar todo el sentimiento,
que se dice loco,
y si uno se acostumbra
se encuentra vacío ante la hermosura.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
Temo al fracaso, que no tengo,
lo encuentro entonces dibujado
y en cualquier parte lo invento.
busco enfrentarlo para palparlo,
para perder sus líneas mal trazadas
por una sociedad estructurada.
Para que no me sorprenda por atrás
y se convierta también en mi espalda,
que pesada cueste llevar
a cuestas, muy jorobada.
Pero busco a tientas, no espero nada;
no hay nada fijo, todo en procesos,
si todo vive, y todo cambia.
Y no hay verdades, si son conceptos,
y ponen nombres en pensamientos
tan ancestrales, mil mandamientos.
Y que entiendo por fracaso
dirá el grado de mi miedo.
Triunfo y fracaso no son personas.
No hay medidas para arbitrar
sobre el bien y el mal,
sobre lo justo,
si el rechazo es inmortal.
Porqué balanzas en otras manos
para juzgarnos, poder amar,
porque amamos u odiamos
por los aplausos de la popular,
si así se entiende por algún triunfo
ya no es amor, sólo admirar;
que pena, eso es demostrativo
y muchas veces se siente más.
Pero otros ojos no dicen nada,
el triunfo está en la persona
que se siente bien y siente llegar.
Simplemente vale aceptarse,
fracaso y triunfo es un ideal
que sella extremista
a la persona en la sociedad;
donde uno se encierra,
porque se adeuda a la libertad;
debo ser hermoso, alegre, servicial,
mejor me quedo adentro,
la exigencia va a bloquear.
Y quién dice,
y quién dijo
si debemos callar, si debemos hablar;
hay muchos, o no hay nadie,
según cada uno quiera encontrar.
Siempre va a haber un censor,
si nos mata que señalen con el dedo,
y corremos…, tras el centímetro universal.
por Valeria Kamenet | Ago 31, 2026 | 1984, Lírica Adolescencia
No hay que confundir el valor,
de lo que se tiene y lo que se quiere.
Se siente más el hecho
cuando se desea,
cuando se vive en fantasía de lo que se espera.
De tanta mente afuera
quedó en ciclo podrido,
cuando llega el momento
se borra lo hermoso
en un pasado furtivo,
de espera ansiosa para lo vivido.
Y me doy cuenta que basta
con tener el problema,
que si todo llega como cascada,
de arriba y con fuerza,
no tenemos ni tiempo
de saber si buscamos.
Está para vivir
tener siempre la meta,
tener siempre la espera,
para sentir el impulso
y no perder la carrera.
Y con la felicidad que llega
no se compensa,
la energía gastada por ganas
o una vida imaginada.
Se ama si se desea,
que cuando se tiene,
se devora ansiosamente
sin dar crédito a la espera;
pero ya tan ciegamente
que no vemos la belleza.
Y después no nos alcanza,
nos devora la codicia,
y hartamos, en redundancia.
Y después prudentemente
ahorramos a otras nuevas,
damos crédito a la espera;
si al final se ama más
y es más hermoso el deseo,
que lo que creemos,
cuando lo tenemos.
por Valeria Kamenet | Mar 20, 2022 | 1984, Lírica Adolescencia
El amor necesita las ventanas abiertas.
Y el amor de casados
halló su escalera
para pisar fuerte,
pies sobre la tierra,
y perderse en la polvareda.
La realidad sopla con fuerza
y si un amor no vuela
lo pisa, ensucia y seca.
Y el amor de nubes
pasa rápido y altanero,
es amor de fuego
que duerme libre en el cielo.
Y el amor no se imprime
en ninguna libreta,
sólo son nombres que prometen tiempo,
Juan y Juanita,
y el amor no espera.
Va mariposeando
en el pasamanos,
como una veleta que empuja el viento
mirando a todos los puntos cardinales,
echa llamaradas,
es un sol de invierno.
Y ellos deciden guardar o cazar amor
e inventan un casamiento;
preparan jaulas de mil proyectos,
hijos, y casas de veraneo;
sin saber que el amor
tiene su tiempo, su decisión,
y se puede ir yendo.
Y Juan y Juanita se atajan fuerte,
se aferran a sus ropas con desesperación,
y el miedo a perderse, sin saber que es reflejo
y no hay nada más que eso.
Y si no, están con otros,
y Juana y Juan se esperan.
Pero no hay pasión,
un poco de cariño, está el amor pisado,
por una realidad, tan altanera como el mismo amor.
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por Valeria Kamenet | Mar 20, 2022 | 1984, Lírica Adolescencia
Calle Camargo.
Vieja Paula
y Juan Cestillo.
Amor de otoño.
Paula va lenta;
reloj de arena,
cuenta las lanas por su pollera,
en un piso de madera
y olor a albahaca,
sus sandalias comen astillas,
ceba la yerba,
piel arrugada;
y nacen yuyos en las paredes,
patio y manguera
en baldosas frías,
y en el alfeizar la gata blanca.
Malvón en mimbre
de Juan Cestillo;
ojos rasgados,
la piel trigueña,
en mangas de camisa
y barbas en cascadas,
va el martillo a las monedas,
arma sillitas
en la ventana.
A fuerza de lagrimales;
feria, mercado,
y Paula vieja de sastre al hombro
sigue llorando con la mirada.
Y Juan Cestillo
colecciona estrellas.
Hasta muy tarde,
calle Camargo,
mira a la gata
ya en la vereda.
Pregona cestos,
grandes ojeras,
modorra en primavera.
Deshoja ceibos
con los pómulos cansados,
y los ojos hinchados.
Y el dolor de amor de otoño;
tiempo de arena.
por Valeria Kamenet | Feb 27, 2022 | 1984, Lírica Adolescencia
Hoy puede estar
el hecho nupcial
que barra el caos
de no hacer nada,
y empuje mi enorme energía acumulada
que miraba al sol
y no sentía nada.
De aburridos mis ojos
veían silencio,
veían tiempo;
campanas cucú del monte,
hoy puede irse el convento
a jugar a otra casa.
Hoy puede ser distinto,
que no se hechice mi vida,
pero no esperando desde un sillón;
bailando descalza,
sentir mi cuerpo,
buscar en mi reloj
la mirada del sol.
Que se hechice mi vida
y se valla rutina.
Si hago que el día
empiece de adentro,
yo lo armo,
y que me parta en dos;
de amor y encanto…;
y que entre el sol.
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