El alma se despierta,
hasta se vive el espacio,
envuelto de cosquillas
aire vibrando.
De caja de madera
punteo al aire
cuerdas del alma,
y muy pronto llega
el rasgueo de una guitarra.
Maniquí cantora,
se estremece al sentir las manos
en sus líneas de señora,
de porteña ya en vidriera
se está muy bien la viola.
De punteo suelta risitas
como disimulando,
muy otaria va charlando,
la señalan con el dedo,
si la están apuntando.
Y en verdad es muy sencilla,
madera hueca,
nació en los juncos.
Resuena en chacarera
sus prendas de alegrías,
milongas de nostalgias,
la zamba sus tristezas
son lágrimas de amores,
que en bandadas azules
de pañuelos vuelan
como alas de gorriones
en primavera
y en rock revoluciones.
Ella representa,
en tonos lentos,
tonos de fiesta
sus sentimientos,
malas y buenas.
De la caja persona,
la persona caja,
son de las cuerdas
los dedos sus pinceladas,
y está la música
de cien colores;
se ve hasta el aire,
y llega hasta el alma
cuando hablamos con la guitarra.
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