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Vos nos enseñaste a estar ausentes;
ella y yo, qué bien asimilamos,
cómo sabemos disimular.
Y aunque todo escape por tus ojos
vos hacés fuerza por no demostrar;
por eso me lastiman tus ojos.
Si se está mucho encima
ya no se siente,
y por eso es que te siento más,
y todo se convierte en lástima,
como si supiera que hay que escapar,
que estás encerrado en esa estatua
que tanto dio seguridad,
y que ella miente.
Vos nos enseñaste a calcular.
Que nadie se entere;
si lo sabrán.
Que nada tiene importancia,
todo da igual.