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“Barrio viejo” (Tango)

Palermo viejo, calle Serrano,
y  otras pequeñas, casi zaguán,
donde el sol quema, pulverizado,
se lleva al tango que no vendrá.
Tu calle espera, triste y vacía
un bandoneón, una luz tenue
y  tu risa junto al portón.
El pasto crece.
Tu calle espera, mira ese cielo,
busca el pasado en algún rincón;
bajo la tierra quedó el tranvía,
tango dormido y algún amor.
Calle de siesta tibia y oscura.
Calle pesada,
ya derrumbada por el presente;
y  dónde está tu perfil porteño,
ese toque de melancolía,
si cuando mirás el cielo
sube el recuerdo por tus paredes.
Yo no te encuentro, ya ni te busco;
cuando voy llorando estás;
es mi voz la que está llorando…
También espero…,
que sobre mi empedrado
un tango venga a dormir.

“Trapos viejos”

Voy recolectando mis años en papeles,
viejos cachivaches, disparates de la vida,
pasan todos por mis manos “Film del futuro”                                                                                                                                                                                    Película ficticia,
presagio de mi vida,
impermeable, en las lagunas de mi mente,
imágenes de filtro
que manchan mi presente.
Film sensacionalista,
te veo y te respiro
tus plantas de interiores,
tus patios y tus campos;
vaciando el escondite
del tiempo y el espacio.
Pantalla infinita que late en mi organismo,
el mundo es impreciso
en mis venas de mercurio.
Si brilla el sol interno
se queman, se evaporan,
se convierten en sueños.
Mi película de lata,
la piadosa esperanza
que me impulsa hacia la vida;
presente de papel,
presente de mentira,
filmé las energías de tu tiempo en un futuro.
Tiempo escondido
a  muchos años luz.
Película ficticia,
de mundos vagabundos
incienso de amapolas.
Escenografías, paisajes rojos, cubistas,
magia de galera
florecen por mis ojos.
Los actores, las estrellas
forman mil constelaciones
con millón de narcisitos,
que danzan carnavales,
bailan, bailan,
guión siniestro,
manos sucias con linternas
sobre una piltrafa humana.
Cine barato. Futuro hermoso;
yo pobre ilusionista
te sigo simplemente,
busco el tiempo, está escondido,
lo encuentro y lo persigo,
que él decida.
filmé horas del presente,
él es el protagonista.
Imágenes de lata.
Las lágrimas borran
rostros feos del pasado.
Cinta entera sin censura;
te proyecto en mi burbuja,
con tus imágenes de filtro
que corren la pintura.

“Me estoy perdiendo”

Toco al mundo con mis manos,
me penetra y me despoja.
No quiero ser materia;
me siento hipnotizada por la piel de la serpiente,
y estoy entre mi piel y su sabia enredadera,
estéril, como mi sueño caldeado,
enceguecido por la sombra inoportuna de mis acciones.
Bosque húmedo y caliente,
ya no te encuentro;
una serpiente se enroscó en tu vientre
y comió tus nidos.
Me siento afuera.
Bosque caliente de mil fracciones,
ya no te cuestionan mis pájaros nocturnos.
Y estoy afuera, sólo siento mi periferia,
o estoy adentro, pero una parte no toco;
qué es eso tan profundo
de mí que está prohibido.
Quiero sentir mi sangre en lo más hondo,
pero los murciélagos me han mordido.
Ellos no vienen del bosque,
salen en arcadas del estómago de la serpiente,
y me vaciaron en el impenetrable.
Hay una parte que no conozco,
zona profunda de mi ser
que no se entibia cuando baja el sol
y traspasa mi cuerpo de alambrado.
Bosque infinito,
la serpiente va a llegar a masticarte el cielo.
Estoy externa, y tengo miedo
de perder el aire, el pensamiento,
la sensación del verano, la danza y el sueño.
Es que bailo con tus guirnaldas,
mundo anfibio, porcelana,
tan frío y decorado,
no quiero convertirme en algo más de tu pintura,
pero tu mover ondulante me cautiva y te persigo
en tu reptar continuo,
con tu aire venenoso.
Seguridad interna,
tristeza verdadera,
me llena tu delirio,
estéril, sin sentido.

“Argentine Republic”

Argentina vas montada,
en la gran rueda que intenta ligera y ciega
andar por el fango, estancada.
Naciste en un mundo apretado, de consumo;
y así creciste, despersonificada.
Hoy tu cuerpo doloroso
está vacío de energía,
pero vos seguís gritando
impaciente y sometida.
Tenés suelo de platino y la sangre derramada.
Dentro tuyo está el camino y no lo ves,
extrovertida, hipnotizada por la rueda del consumo y la mentira.
¡Sudamérica desnuda,
una parte de tu tierra ya no llora!,
te volviste insensible al final de la cintura.
Argentina, ciudad puerto;
Buenos Aires, herradura;
campo abierto, cielo limpio;
extraviada por censura
está tu historia y tu cultura,
y tu gente que especula
sobre la vida y la muerte.
Tus fronteras son filosas,
orillas de misterio,
sol que titila, no es de noche ni de día
en tus calles con mil dudas.
Tu piel respira,
está tatuada por mil manos,
mil cabezas.
En tu espacio, embalsamado
está el sonido del hornero,
del búho y la Chinchilla,
grito humano sobre el eco del silencio,
en los Andes, en la pampa,
bajo el cielo de cemento,
canto y copla y el lamento del huancar.
Argentina, arte muerto,
derrochaste tus palabras,
y llegaste a tropezones,
apurada y confundida,
siglo XX, mala vida,
cambalache y poesía.
Embalada, abierta al mundo,
insegura en lo más hondo,
y corrías y corrías, porque siempre fuiste “sabia”.
Pachamama, te explotaron la inocencia
de corral, sierra y alfalfa;
de vientos sin timones
que deambulan sobre el cerro;
mariposeás en tu entierro,
Ave Fénix, renacés de tus cenizas…
Tierra llena;
te olvidaste de tu enigma:
Quién te cuida, quién te busca y quién te llama.
Caminás en la injusticia,
pies de acero sobre llamas.
Te resbalás sobre el fango,
por la rueda vas tirada.

“Mi pieza”

Mi pieza es una flor
que no se abre a la primera estrella,
la ventana es chica para mucho cielo;
pero ella tiene su cielo raso,
cielo verde, desteñido,
su azul quedó en el agua estancada sobre el suelo.
Te abrís a tu propia estrella de mimbre,
la circundan pájaros,
y la chala, hoja del choclo, campo sembrado,
campanitas, luz interna.
Ella vive, yo la amo.
Es feliz en primavera,
a la tarde está de escuela
cuando dejo el guardapolvo blanco.
Triste un domingo,
vagabunda, muy callejera..
Es un grito a la alegría,
al tiempo y a la vida.
Es correo de mis días,
tiene escrito lo que siento
en su espacio caliente,
mi pieza ya es humana,
tiene el alma de nosotras,
mi niñez está pegada en sus paredes.
Adolece conmigo,
amor y llanto,
crecimos juntas, yo la siento;
arcoíris en la mañana,
enjambre en el verano,
mariposa nocturna en las noches blancas.
Mi pieza es mi mundo en materia viva,
cal y ladrillo,
callada y parlanchina;
es mi ser en sus dibujos,
sus muñecos y sus libros,
camina, corre y vuela a mucha altura.
Yo la miro y me mira.
Mi pieza tiene historia,
es un delirio, el de mi propia vida;
las paredes son esponjas infiltradas de poesía.
Su sabia fluye del corcho blando.
Ella existe y respira, es arte,
es la pieza de mi cuerpo que registra la tibieza.
Yo la miro y me mira.
…Le pregunto: – ¿Qué pensás?
Me responde: – En nuestra vida.

 “Células”

Salto las barreras del sueño.
Ya no es mi cabeza
ni mil cabezas juntas;
ahora son miles de células
como enanos por senderos,
que en infinitas carreras
cantan en versos sus coplas lindas;
mariposeando juntan estrellas,
incendian cielos.
Dentro de mí la fuerza interna,
la iniciativa, de entrega y miedo,
superan baches, olas inmensas,
circundan barcos, arman veleros
que van al viento,
y con muchos bríos
siguen el juego sin un destino.
Mil células de hielo
caminan sin camino.