Toco al mundo con mis manos,
me penetra y me despoja.
No quiero ser materia;
me siento hipnotizada por la piel de la serpiente,
y estoy entre mi piel y su sabia enredadera,
estéril, como mi sueño caldeado,
enceguecido por la sombra inoportuna de mis acciones.
Bosque húmedo y caliente,
ya no te encuentro;
una serpiente se enroscó en tu vientre
y comió tus nidos.
Me siento afuera.
Bosque caliente de mil fracciones,
ya no te cuestionan mis pájaros nocturnos.
Y estoy afuera, sólo siento mi periferia,
o estoy adentro, pero una parte no toco;
qué es eso tan profundo
de mí que está prohibido.
Quiero sentir mi sangre en lo más hondo,
pero los murciélagos me han mordido.
Ellos no vienen del bosque,
salen en arcadas del estómago de la serpiente,
y me vaciaron en el impenetrable.
Hay una parte que no conozco,
zona profunda de mi ser
que no se entibia cuando baja el sol
y traspasa mi cuerpo de alambrado.
Bosque infinito,
la serpiente va a llegar a masticarte el cielo.
Estoy externa, y tengo miedo
de perder el aire, el pensamiento,
la sensación del verano, la danza y el sueño.
Es que bailo con tus guirnaldas,
mundo anfibio, porcelana,
tan frío y decorado,
no quiero convertirme en algo más de tu pintura,
pero tu mover ondulante me cautiva y te persigo
en tu reptar continuo,
con tu aire venenoso.
Seguridad interna,
tristeza verdadera,
me llena tu delirio,
estéril, sin sentido.
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