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Mi pieza es una flor
que no se abre a la primera estrella,
la ventana es chica para mucho cielo;
pero ella tiene su cielo raso,
cielo verde, desteñido,
su azul quedó en el agua estancada sobre el suelo.
Te abrís a tu propia estrella de mimbre,
la circundan pájaros,
y la chala, hoja del choclo, campo sembrado,
campanitas, luz interna.
Ella vive, yo la amo.
Es feliz en primavera,
a la tarde está de escuela
cuando dejo el guardapolvo blanco.
Triste un domingo,
vagabunda, muy callejera..
Es un grito a la alegría,
al tiempo y a la vida.
Es correo de mis días,
tiene escrito lo que siento
en su espacio caliente,
mi pieza ya es humana,
tiene el alma de nosotras,
mi niñez está pegada en sus paredes.
Adolece conmigo,
amor y llanto,
crecimos juntas, yo la siento;
arcoíris en la mañana,
enjambre en el verano,
mariposa nocturna en las noches blancas.
Mi pieza es mi mundo en materia viva,
cal y ladrillo,
callada y parlanchina;
es mi ser en sus dibujos,
sus muñecos y sus libros,
camina, corre y vuela a mucha altura.
Yo la miro y me mira.
Mi pieza tiene historia,
es un delirio, el de mi propia vida;
las paredes son esponjas infiltradas de poesía.
Su sabia fluye del corcho blando.
Ella existe y respira, es arte,
es la pieza de mi cuerpo que registra la tibieza.
Yo la miro y me mira.
…Le pregunto: – ¿Qué pensás?
Me responde: – En nuestra vida.