Seleccionar página

Argentina vas montada,
en la gran rueda que intenta ligera y ciega
andar por el fango, estancada.
Naciste en un mundo apretado, de consumo;
y así creciste, despersonificada.
Hoy tu cuerpo doloroso
está vacío de energía,
pero vos seguís gritando
impaciente y sometida.
Tenés suelo de platino y la sangre derramada.
Dentro tuyo está el camino y no lo ves,
extrovertida, hipnotizada por la rueda del consumo y la mentira.
¡Sudamérica desnuda,
una parte de tu tierra ya no llora!,
te volviste insensible al final de la cintura.
Argentina, ciudad puerto;
Buenos Aires, herradura;
campo abierto, cielo limpio;
extraviada por censura
está tu historia y tu cultura,
y tu gente que especula
sobre la vida y la muerte.
Tus fronteras son filosas,
orillas de misterio,
sol que titila, no es de noche ni de día
en tus calles con mil dudas.
Tu piel respira,
está tatuada por mil manos,
mil cabezas.
En tu espacio, embalsamado
está el sonido del hornero,
del búho y la Chinchilla,
grito humano sobre el eco del silencio,
en los Andes, en la pampa,
bajo el cielo de cemento,
canto y copla y el lamento del huancar.
Argentina, arte muerto,
derrochaste tus palabras,
y llegaste a tropezones,
apurada y confundida,
siglo XX, mala vida,
cambalache y poesía.
Embalada, abierta al mundo,
insegura en lo más hondo,
y corrías y corrías, porque siempre fuiste “sabia”.
Pachamama, te explotaron la inocencia
de corral, sierra y alfalfa;
de vientos sin timones
que deambulan sobre el cerro;
mariposeás en tu entierro,
Ave Fénix, renacés de tus cenizas…
Tierra llena;
te olvidaste de tu enigma:
Quién te cuida, quién te busca y quién te llama.
Caminás en la injusticia,
pies de acero sobre llamas.
Te resbalás sobre el fango,
por la rueda vas tirada.