Seleccionar página

«Chau… horizontes perdidos»

Estoy cebada en tu cansancio profundo,
estás desalineando con mi aire extremista;
nos estamos acercando al ritmo de las olas
y una nostalgia siniestra
viene al horizonte.
Me estás imaginando
en tu galaxia sin rumbo,
te estoy esquivando
en mi paso insistente
de un día sin mundo…
Cuando sientas las compuertas
vacías en el alma
ya vas a preguntar
qué tenés que mirar.
Cuando no le tenga miedo al dolor
todo va a empezar a dolerme.
Estás cerrado de miradas presentes,
estoy sana de miedo;
giramos en la rueda de siempre
desfigurando nuestro deseos.
Chau a tu cansancio insensato,
chau a tu sombra muda
que no alcanza a matar
el vértigo de mis extremos.
Chau…
Voy a cebarme de amor
despidiendo a las olas insaciables…
de horizontes perdidos.

«Retornos inconclusos»

Minúsculo vuelvo en la espesura blanca
que la noche angulosa trata de cubrir.
Busco esa luz del retorno…
ese eje perdido
que dispara hacia mí.
Quién quisiera…
llegar al centro de la esfera…
para no seguir gritando
para no seguir gritando.
Perdido por semillas detenidas
el viento en la caldera
se escapa del fin.
Y todo mi ser se escapa…
…dentro de mí.
Llamo al alba fibrosa
que trae engañando al horizonte
y no vuelve.
Existo… en la noche
callada que está dentro mío.
Porqué andar corriendo a la mañana,
porqué esperarla…
esperar… en la nada.

«Las gotas caen»

Caen gotas.
Soy chiquita, chiquita;
y mis pies quieren hablar
mi estómago grita
mis ojos desistieron
mi pelo se resigna
mis manos buscan
mi piel palpita.
Se van las nubes.
Quiero crecer, crecer;
y mis huesos se entumecen
y mi boca se excita
y mis piernas se duermen
mi cabeza delira.
Asoman los rayos.
Empiezo a salir, salir;
y mis brazos se marchitan
mis pulmones se adormecen
mi corazón recita
mi útero se seca
mi ombligo se persigna.
Y no puedo, no puedo subirme a la vida,
donde el sol aparece
ya mi cuerpo está enterrando la mañana.

«Camino blindado»

Vuelvo a soñar
el camino blindado,
espirales me despiertan
en un patio sin baldosas.
Y así se desparrama el cielo,
bajo un sol que se congela
en tus ojos.
Vuelvo a escarbar
en mis espacios de sombra
cuando el campo amanece;
y percibo el aroma de la tierra mojada
y un sepulcro de fuego
que confina paredes.
Una plaza en la noche…
un pozo profundo
donde habré quedado sin poder crecer.
La fuente de colores
y un mástil con estrellas.
Un silencio indeciso
en el comedor.
Un pesar sin palabras
en el corazón
Un misterio sin objetos…
…una luz encendida
sin poder expandirse.

«Latiendo en el mar» – (Monte Hermoso)

Siento romper las olas
en mi corazón rocoso
y tierno de musgo.
Miro el mar que inunda
mi horizonte lejano,
que respira imponente
en el cielo de mis ojos.
Cubro ese espacio infinito
de metáfora viviente.
Traigo el escondite de mis años,
y él me devuelve su fuerza de paz
en la inmensa sabiduría del retorno.
Y las aguas destripadas
vuelven a su fuero interno,
para seguir en el constante ritmo…
de mis olas latiendo
en su corazón.