Seleccionar página

Viaje a la Luna…» (Lluvia de ácidos históricos)

Llegaste a la Luna
con tus cuentos.
Decile así
a tu boca desde el invierno,
pasando por las coincidencias
de la muerte y esta alfombra,
desde aquel momento
en que vibraba tu ausencia.
Ahora estás cerca de todo…
más allá de tus hormonas;
vas a hundirte en la cama
con esos pensamientos de medias tres cuartas.
Vas a llegar a la estrella
con la risa de tus serpientes,
con tantas palabras
de líneas soleadas,
con tantos pentagramas
empolvados de deseo.
Tus dedos chorrean musas,
con las noches apagadas
de amor que crece en los pies del alma,
llevándola lejos
hacia alguna Luna…
vencida de hojas
y toallas blancas,
de lunares de sombras
y una ácida lluvia…

«Camino comprimido»

Qué fue del sexo
teñido de moneda de plata,
que es tan transparente.
De esa piel
huyendo hacia la luz.
Qué fue de la vida
exprimida de huellas,
tan llana y abierta.
Dónde está el sexo en la calle
si la vida es siempre…
Cuál es la esquina de los ombligos
donde se detiene el sol.
Se ven los pistones de aire
que los comprimen,
y no se distinguen las miradas;
ya somos el asfalto
con estas piernas prensadas,
y con esos medidores
que destruyen el tiempo.
…Estos son los seres sin sexo
que viven más allá de las Hélades del mundo;
niegan la abertura del cielo
con sus monstruos de piedra.
La selva está teñida de metales,
la aurora es un tañer de monedas…
desde la torre…
Y allí donde un parto interrumpe en un grito,
todos traen sus pistones de aire,
para agarrar a la vida
y comprimir el camino.

«Vieja alquimia»

Así escondían la luz
los viejos alquimistas
cuando el niño alcanzaba los cuerpos;
y se llevaban las flores
a sus cuevas de cera,
y el fuego hormigueaba
en las manos de los niños.
Los niños presos del hambre
tragaban sus quimeras
de líquido amarillo.
Así prolongaba el viento
el canto de la zumaya,
antes de que un niño
repita la ruptura de los siglos
dejando su cuerpo a la tierra
y dejando que el tiempo asome
los collares blancos.
Mientras el resto siga girando,
y los ojos arranquen
de las ramas sus mediodías
fingiendo ser electrones
de la noche atómica;
esos niños seguirán cayendo
y engendrando en la tierra
sus propias raíces.

«Alma de agua…» (La quilla del sol)

Tu cuerpo chorreó por el camino…
lianas de sal y paraíso
mientras corrías hacia el sol.
Habrá algún velero de alas
que recoja tu naufragio…;
la quilla se hizo pedazos
en el mar de tus ojos.
Tu cuerpo de estío,
callado, se enredó en la noche,
construyó entre los álamos un barco
veloz como el cielo.
Y desde el sol lo viste llegar…,
entre las olas los pájaros
de fuego, se dispersaron…
para llevarse tus manos…

«El óleo de la tarde»

Los pasos blanquean
mi volumen de antorcha.
El cielo se abre
entre las casas mojadas.
Los ojos se cierran
en la tarde descalza
de nudos impermeable.
Puedo ver como vacían la lluvia
las nubes que desarman las sombras,
subiendo por los vidrios
abriendo las casas.
Con su volumen de fuego
la desparraman hacia la tarde,
que se queda…
estacionada en una mancha.