Seleccionar página

«Pichón de hipocondrio» (canción)

Siempre escondida tras tu caja,
pichón de hipocondrio, aprende a volar,
olvida a tu verdugo de lata,
sal de esas rejas numéricas que no te dejan amar.
El sol te está mirando,
te invita a salir
y vos seguís huyendo de la libertad,
con tus tickets y tus vueltos,
con tu diario trajinar,
estás pagando el precio de tu seguridad.

ESTRIBILLO

Qué harás las otras horas,
pichón de hipocondrio.
A quién le contarás tu vida,
a quién le dirás que lloras
porque se han roto las alas de tu fantasía.

Baja de esa rama, es la hipocresía,
baja de esa rama y no pactes con el miedo,
él es el sereno de esa esquina,
él te está encerrando en ese nido de acero.

Pichoncito de hipocondrio
deja ya de trabajar.
Hasta cuándo cavarás tu tumba
si aún no escalaste el cielo.
Piensa hacia dónde emigrarás,
hasta dónde llegarás cuando rompas el empleo.

ESTRIBILLO

Qué harás las otras horas,
pichón de hipocondrio.
A quién le contarás tu vida,
a quién le dirás que lloras
porque se han roto las alas de tu fantasía.

«Me invade el cielo» (canción)

Llevo en los ojos esta alegría ciega,
en la boca esta risa que la calla,
y un perfume que inhibe al aire
amordaza mis poros.

ESTRIBILLO

Pero puedo sentirlo…
el cielo me invade ahora,
puedo sentirlo…
todos mis sentidos se arriesgan a romperlo.

Una siesta prolija se vuelve inflamable,
estaciono los espacios entre esas monedas,
un sol embalsamado camina por mi pelo
con hielos en las manos cerrando las botellas.

ESTRIBILLO

«Síntesis»

Cuántos millones de electrones
estarán vibrando en esta piel
encontrándose con tantos millones de electrones
que remueven el aire,
para que un oído y una música
se amen.
Cuántos millones de átomos
se desprenden luminosos
uniéndose a tantos otros
que forman minerales,
para que la Tierra y el Sol
se sientan.
Cuántos millones de electrones
llenarán nuestra retina
asaltando a tantos millones de electrones
que dan a luz…,
para que nuestros ojos
se encuentren.
Y qué cantidad de amor
se necesita,
para reproducir
tantos millones de átomos.

«El juego… (la vida)»

El juego existe interminable,
en un tiempo eterno
y en un ser eterno
que se reitera eternamente
en una quietud constante
de sorpresas.
En la confusión clara de la realidad
vibra un mismo ser
unido a las partículas de aire.
Este tiempo y este espacio
que no existen…,
esta sensación exprimida
de distancia inalcanzable
que vive en un sonido,
en un olor, en un sabor,
en una imagen;
y se encuentra en la visión,
en el oído, en el tacto,
en el gusto, en el olfato.
En una dimensión desconocida;
más allá del volumen y la forma
el juego crea la realidad.

«Horizonte»

Cuando los ojos no inventen
caricias de sol,
un pensamiento de viento
se acople en los rumores de las manos.
Una espuma en la sien
llegue a los tentáculos de hormigas
que descienden por los dedos;
no podremos hacer más que buscarnos ciegamente
en la seguridad de no encontrarnos.
El amor no es ajeno
a todo lo ajeno…
Sólo una parte, dos, tres,
cinco constelaciones de duendes vacíos
vuelcan su torrente de luna,
y se van metamorfoseando con el horizonte
que vuelve a bajar, encendido…
con alguna lluvia
para limpiarnos.

«Mi luz»

Mi luz… Mi luz se trasciende
con esta grandeza,
de mar en la frente,
de un intestino en la lluvia
y el deseo en la voz.
Los papeles arrancan mi mundo de colmenas,
porqué no las apaga el agua
si tus lágrimas están golpeando
en esta noche de luz.
Y la espalda de piedra
está absorbiendo el espacio;
el espacio que calienta tus ojos.
Así sin darse cuenta…,
corriendo…
llegando a esta luz que se avecina