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«Las gotas caen»

Caen gotas.
Soy chiquita, chiquita;
y mis pies quieren hablar
mi estómago grita
mis ojos desistieron
mi pelo se resigna
mis manos buscan
mi piel palpita.
Se van las nubes.
Quiero crecer, crecer;
y mis huesos se entumecen
y mi boca se excita
y mis piernas se duermen
mi cabeza delira.
Asoman los rayos.
Empiezo a salir, salir;
y mis brazos se marchitan
mis pulmones se adormecen
mi corazón recita
mi útero se seca
mi ombligo se persigna.
Y no puedo, no puedo subirme a la vida,
donde el sol aparece
ya mi cuerpo está enterrando la mañana.

«Camino blindado»

Vuelvo a soñar
el camino blindado,
espirales me despiertan
en un patio sin baldosas.
Y así se desparrama el cielo,
bajo un sol que se congela
en tus ojos.
Vuelvo a escarbar
en mis espacios de sombra
cuando el campo amanece;
y percibo el aroma de la tierra mojada
y un sepulcro de fuego
que confina paredes.
Una plaza en la noche…
un pozo profundo
donde habré quedado sin poder crecer.
La fuente de colores
y un mástil con estrellas.
Un silencio indeciso
en el comedor.
Un pesar sin palabras
en el corazón
Un misterio sin objetos…
…una luz encendida
sin poder expandirse.

«Latiendo en el mar» – (Monte Hermoso)

Siento romper las olas
en mi corazón rocoso
y tierno de musgo.
Miro el mar que inunda
mi horizonte lejano,
que respira imponente
en el cielo de mis ojos.
Cubro ese espacio infinito
de metáfora viviente.
Traigo el escondite de mis años,
y él me devuelve su fuerza de paz
en la inmensa sabiduría del retorno.
Y las aguas destripadas
vuelven a su fuero interno,
para seguir en el constante ritmo…
de mis olas latiendo
en su corazón.

«Se partieron las palomas»

Algunas palomas sangran
por colmillos azules,
hasta el hueco más hondo
que existe en el aire.
Raspan los rincones
sosegados de nubes,
con trincheras de soles
enhebradas de arte.
Lloran pasos sordomudos
por pequeñas madrugadas,
surge el vuelo trascendente
que traspasa la galaxia.
Se miraron a los ojos
en la fuerza transparente,
la burbuja sonora
que llovizna descalza.
Enceguece la mañana
en la corteza terrestre,
cuando tanto antagonismo
se confunde en la nada.
Con secuelas de olvido
van mutándose en el Este,
las palomas sacuden
estrellas en el agua.
Caen muñecas rotas
con caricias desarmadas,
caen bocas que no gritan
cuando caen las palabras.
Las palomas se cierran
cuando llegan las hojas,
hasta el cielo más inerte
que declina en las rosas.
Vuelan lenguas coaguladas
de la luz que camina.
entre pasos que gimen
entre el sol que transpira.
Antes de que el tiempo solo
corte un pestañear de espacio,
las palomas se partieron…
llevándose el ocaso.

«Fechorías del regreso»

Donde se quiebran los espacios
la lámina del sol borra mis pies,
el crepúsculo divide mis entrañas,
vuelvo a aparecer en las sillas de estación.
La danza cubre otra dimensión,
parálisis de viajes en un tiempo,
vidrios sorprendidos de retrato,
aire en movimiento de aproximación.
El abismo se acerca,
cicatrizan pedazos,
y una figura humana
se asemeja a la cama
que avecina el dolor.
Vuelve a aparecer el sueño
siempre en la misma danza.
El crepúsculo va sanando
de esperanza y compasión.
Optimismo, paciencia,
alegría, amor…