Algunas palomas sangran
por colmillos azules,
hasta el hueco más hondo
que existe en el aire.
Raspan los rincones
sosegados de nubes,
con trincheras de soles
enhebradas de arte.
Lloran pasos sordomudos
por pequeñas madrugadas,
surge el vuelo trascendente
que traspasa la galaxia.
Se miraron a los ojos
en la fuerza transparente,
la burbuja sonora
que llovizna descalza.
Enceguece la mañana
en la corteza terrestre,
cuando tanto antagonismo
se confunde en la nada.
Con secuelas de olvido
van mutándose en el Este,
las palomas sacuden
estrellas en el agua.
Caen muñecas rotas
con caricias desarmadas,
caen bocas que no gritan
cuando caen las palabras.
Las palomas se cierran
cuando llegan las hojas,
hasta el cielo más inerte
que declina en las rosas.
Vuelan lenguas coaguladas
de la luz que camina.
entre pasos que gimen
entre el sol que transpira.
Antes de que el tiempo solo
corte un pestañear de espacio,
las palomas se partieron…
llevándose el ocaso.
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