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Del campo a la ciudad

Del campo a la ciudad

La bocina del tren suena a lo lejos,
toda la masa de gente que sale de la estación
parece que no ve ni escucha todo lo demás,
todo lo exterior.
Toda la gente con algo de locura
camina sometida a la rutina,
al horario y al descontrol.
Así es como yo lo veo.
Yo no tenía mesura,
allá en la pradera montaba al viento
que salvaje como un rebenque
golpeaba el cielo hasta el sol.
Yo allá tenía paz.
La gente pasa, yo quedo atrás.
Me siento en un banco;
miro las alturas de la ciudad,
torres, relojes, campanas, barcos,
humo, sirenas, tráfico, vidrieras.
Yo acá soy algo más,
una rama, un racimo de cerezas;
allá era una sola
en medio de toda esa naturaleza.
Amigo campo, amigo río,
amiga noche, amiga estrella.
Allá corría por la paz;
acá corren por vergüenza;
nadie sabe adónde va.
Yo corría hasta más allá
del horizonte que mis ojos vean.

«¡Que salga!»

«¡Que salga!»

Todo avanza y la noche es eterna
¿Dónde estamos? ¿Dónde estoy?
Esta sociedad encapsulada y deshumanizante
que a paso de zapping
privilegia el artificio y las máquinas
va deteriorando las raíces humanas.
Nos obliga a encarcelar la emoción,
a despojarnos del contacto y la mirada
para que los agujeros refracten los cuerpos
en el látex y el metal,
a edificar esas corazas que transpiran fragilidad,
muletillas de la rigidez y la frivolidad.
¿Dónde estoy? ¿Dónde estamos?
Encierro del encierro, de la profundidad,
de la huella regresiva del alma.
Aire fracturado y quieto
horizonte amordazado.
Crece la sequía y no puede germinar la luz
estancada en el tedio y la indiferencia,
en el rito banal de un asfalto cotidiano.
Cielo emocional que en la desesperanza estalla.
¡Que salga! ¡Que salga!
Que se derrame el cauce
de la carne y los huesos,
de la lágrima creadora del amanecer,
renovadora del aire, anclada en el deseo.
Regresando a lo más primario.
¡Que salga! ¡Que estalle y salga!
A ver qué se puede hacer
sólo con el silencio, con la voz, el movimiento,
y una ternura blanda.

María………… No se siente la vida

María………… No se siente la vida

Siento el túnel de mis años,
piso una costa inmensa,
atrás quedó todo exacto
como un cuadro, un ritmo quieto,
como un abismo, como un mar muerto.
Sin barca que me lleve llegué a tocar la tierra,
ya cuando creí que se extraviaba la vida.
Pero, ¿dónde está el crepúsculo y la noche de estrellas?
¿solamente brillan al tocar la sal?
Este es el horizonte que del mar veía;
tampoco acá hay semillas para cosechar;
miro hacia adelante, aún hay horizonte,
horizonte muerto para llegar.
Mejor bajo los ojos,
mejor miro las hierbas que crecen este día.
…No hay estrellas, pero ellas crecen,
crecen rosas y sin espinas;
porque el sol sale, horizonte…, lejos;
pero el rayo llega,
el rayo incendia el campo,
ilumina la vida.
Y me quedo en la tierra dura,
ella calienta, llueve en mi cuerpo,
ella es mi lucha.
Siento el túnel de mis años.
Soñé con verdad dulce como las uvas.
Pero al caer la tarde de vez en cuando
tiro mis redes a ese mar muerto,
tiro mis redes porque todo llega,
y no hay nada más dulce que la sal del mar,
y ahí como ninguna yo miro estrellas…,
…pesco ilusiones.
Y vivo intensamente en un mar de locura,
porque piso tierra y quiero volar.