Siento romper las olas
en mi corazón rocoso
y tierno de musgo.
Miro el mar que inunda
mi horizonte lejano,
que respira imponente
en el cielo de mis ojos.
Cubro ese espacio infinito
de metáfora viviente.
Traigo el escondite de mis años,
y él me devuelve su fuerza de paz
en la inmensa sabiduría del retorno.
Y las aguas destripadas
vuelven a su fuero interno,
para seguir en el constante ritmo…
de mis olas latiendo
en su corazón.
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