por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Algunas palomas sangran
por colmillos azules,
hasta el hueco más hondo
que existe en el aire.
Raspan los rincones
sosegados de nubes,
con trincheras de soles
enhebradas de arte.
Lloran pasos sordomudos
por pequeñas madrugadas,
surge el vuelo trascendente
que traspasa la galaxia.
Se miraron a los ojos
en la fuerza transparente,
la burbuja sonora
que llovizna descalza.
Enceguece la mañana
en la corteza terrestre,
cuando tanto antagonismo
se confunde en la nada.
Con secuelas de olvido
van mutándose en el Este,
las palomas sacuden
estrellas en el agua.
Caen muñecas rotas
con caricias desarmadas,
caen bocas que no gritan
cuando caen las palabras.
Las palomas se cierran
cuando llegan las hojas,
hasta el cielo más inerte
que declina en las rosas.
Vuelan lenguas coaguladas
de la luz que camina.
entre pasos que gimen
entre el sol que transpira.
Antes de que el tiempo solo
corte un pestañear de espacio,
las palomas se partieron…
llevándose el ocaso.
por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Donde se quiebran los espacios
la lámina del sol borra mis pies,
el crepúsculo divide mis entrañas,
vuelvo a aparecer en las sillas de estación.
La danza cubre otra dimensión,
parálisis de viajes en un tiempo,
vidrios sorprendidos de retrato,
aire en movimiento de aproximación.
El abismo se acerca,
cicatrizan pedazos,
y una figura humana
se asemeja a la cama
que avecina el dolor.
Vuelve a aparecer el sueño
siempre en la misma danza.
El crepúsculo va sanando
de esperanza y compasión.
Optimismo, paciencia,
alegría, amor…
por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Suben los andares
por un vientre de escalera.
Un olor a enigmas
acecha el desencuentro.
Llevo la tibieza hacia otros lugares,
en susurro de arena
donde canta el viento.
Hay una ventana abierta
que transpira en tu alma,
con un frío que gotea
dibujando remedios.
Gota a gota
se encienden las luces;
en incendio de piano
se dilata el misterio.
Calla tu aeroplano
cuando todo se acerca;
un canario en su jaula
se marchita de miedo.
Andan por la tierra
las esponjas voraces
que nos llaman invisibles
cuando todo lo vemos.
Tengo tu pupila en mis manos,
pero no la retengo.
Sé que me pide ayuda
la canción del viento.
Soy una ventana abierta
con bisagras de fiebre;
puedo verte en el hospicio
de mi libre silencio;
con montañas de siglos
y carreras de liebre,
con tu mente de horizonte
que no llega
van lloviendo las noches
esperando sucesos…
Calla tu aeroplano
cuando todo se acerca;
un canario en su jaula
se marchita de miedo.
Andan por la tierra
las esponjas voraces
que nos llaman invisibles
cuando todo lo vemos.
Vamos picoteando la luna,
y los pájaros esperan al sol
para abrir los momentos.
Hay cuentos de nogales enanos
que sienten los días
mientras vamos subiendo.
Te calienta la brisa;
te despierta el encuentro.
Y salimos… despacito,
salvando los gritos,
matando el entierro.
por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Qué impenetrable el abismo de vida
que se vive penetrando.
Qué abismal la superficie de espacio
bailando en la conciencia.
Infinita de historia
la materia en los ojos.
Y la luz va amortiguando
el correr del espacio
y la imagen del tiempo.
Quizás quede encerrado en tu corazón
que alguna vez fue asteroide
acercándose al sol,
como ya no lo hacés.
Que simple que es vivir
estando vivos. Todo está presente.
Hace falta verlo con las manos de planetas,
con cerebro de Universo,
con los ojos de estrellas.
No ignorar nuestra presencia
orgánica igual a todo,
allí se funde y se vuelve ilimitada,
sensible a todo el cambio,
ser todos los paisajes y la nada.
Con mejillas de luna
y cabellos de cometa.
Somos todo el espacio
abarcando poco.
Somos la luz y un muerto,
el mar y un yuyo,
miseria y oro.
Podemos entender y hacer
volcando el instinto afuera…
Ayer me abrazaste
y me surcaron dos ríos…,
quedé con las raíces
volando por el cielo.
por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Recién encontré un muro
que me tragaba, sin que yo penetrara.
Un cielo muy abierto empujaba mis pulmones
gimiendo por ser aire.
Un rayo fulminaba mis tripas.
Ardían mis pies descalzos,
y se abría la mañana
dudosa de muerte
con aires temblorosos.
Recién calculé en el sol
las partículas de vida.
Pinté muchos caminos
que abrían celosías.
Divisé el paisaje en mis piernas hambrientas.
El aire no me ignora,
la música respira.
Soy viento, soy lucha;
voy tragando ladrillos
con un filo de bruja.
Cuelgo el otoño que me llama
en un salón de espejos.
Presiento la poesía que sale de mi vida.
Traspaso paredes,
soy pájaro y ventana.
Camino acechando,
camino corriendo.
Encuentro las plantas.
Cuando llega la noche
reconozco el espacio.
por Valeria Kamenet | Sep 20, 2026 | 1987, Lírica Adolescencia
Lejos… llevame; hacia algún motivo
más furioso que el mar.
Fácil… decime; lo que nunca contaste,
lo que nunca encontraste.
Lejos…, tratá de alcanzarme;
mis manos están ahí
pegando en la noche.
Ya di la vuelta al mundo
y lloré y grité.
Por eso no podés encontrarme…
aunque siga acá…
tan cerca, inmóvil, callada.
Y ya llegué a una estrella
buscando en el piso tus ojos
que están al lado.
Y ya me morí escuchando
tu voz que me llama.
Pero no puedo explicarte
cómo es que la noche habla
…Cómo es, que nos está llevando
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