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«Te fuiste en tu canción»

«Te fuiste en tu canción»

Te fuiste en tu canción,
no te necesitaba,
y después vi tu imagen toda desfigurada.
Y entonces supe que estabas muy perdido,
y aunque quiera no puedo tocarte,
no hay barcas que crucen de tu país al mío.
Esa es la verdad;
no tenés seguridad,
pero hay una muralla,
y estás más lejos cuando te miro.
Tus ojos se hacen culpas,
tus arrugas son secuelas en mi alma;
te siento en el recuerdo,
cuando eras tapir y pisabas mi mañana,
y las manos eran firmes y también las palabras.
Y ahora…, desierto;
no canté tu canción,
y la culpa me mata,
por eso tanta pena al pensar en vos.
Palabras muertas,
y te escondés, y tu razón no entra en la mía,
ni tu corazón.
Tus ojos quietos,
son mis culpas,
son lágrimas dormidas
de tantos días.
Se hace tan difícil mostrarte lo que siento.
Y tu defensa entre tu puerta y la mía;
la puerta para verte a vos
como vi tu imagen en otras vidas.

«Delirio de fe»

«Delirio de fe»

Mundo viviente. Mitología.
Plano de Oriente, leyenda china.
Mundo de espacio, universal.
Sabio proverbio.
Estrella blanca.
Atmósfera que abarca las mil filosofías,
de sombras enjauladas, dragones, calaveras;
la historia y los astros
se meten en la Tierra…,
cuerpo del sistema.
Locas constelaciones, paloma mensajera.
Magia de galera
alrededor del sol.
Dibujos de leones, balanzas y escorpiones
destellan sobre el mar.
No hay destino,
el espacio no es línea recta.
Rayo ultravioleta
cuando nacen tus hijos;
somos todos animales.
Culturas, estatuillas,
esfinges y marcianos.
Jardines, Babilonia;
y la quilla de Sevilla.
Centauro, mil cien pies;
al sol, Mediterráneo.
Los doce animales de la cresta humana.
Reencarnación, reina Cleopatra,
Venus del Nilo,
Osa mayor,
sol de pirata.
Y yo soy mono, y vos sos rata,
y en occidente brilla la masa
de la picana que corta mentes;
mejor ser muerto
que muy despierto.
El cielo tiene selva,
la selva interna al cielo.
Politeísmo hay en la Tierra,
«¿por eso está tan mal?»
Aren de infierno.
Pastel de invierno…
y horóscopo al andar.

«Año poema»

«Año poema»

Esta vez fue poema.
Mi sentir hecho agua,
atrincherada la luna
y estrellas soldados
marchando apuntan;
lloran sus cráteres,
buscan espigas,
para ver su cuna
llena de vida.
Se llenan de odio,
regimiento de astros,
besan mis velas
que rebotan en las orillas.
Mi corona…
más literaria que guerrera.
Manantial de palabras.
Esta vez fue poema.

«Todo pasa por uno»

«Todo pasa por uno»

Si yo armara mi camino,
sin desviarme,
y sintiera mi objetivo
sin herirme en fantasía,
desterrar la indiferencia,
ni inventar el pesimismo,
ni sonreírle a la envidia.
Sentir en cada cosa
mi cuerpo en movimiento,
valorar el momento,
sin perderme en lo común,
todo es mágico,
está todo.
Y no sería nadie si yo no me tuviera.
Buscar…, y que el encuentro quede,
que no se pierda.
Poder sentir la playa
y así la vereda;
sola o mucha gente,
si uno se siente
todo es de seda.
Yo podría ver mis pies
ya no andando a la deriva.
Y mi mente a lo imprevisto.
Y mis manos amando.
Y mis ojos mirando, sin espiar…
Si yo supiera de todo esto,
de mi existencia
al verme transpirando,
y de lo que creo.
Podría distinguir,
sería todo claro;
cuánto hay de mentira,
y cuánto hay de real.
Y cuánto guarda el miedo
y no siento a los demás…
Podría llorar,
y podría acercarme a los que yo más quiero,
o a los que quiero amar.

«Ciudad de vestidores»

«Ciudad de vestidores»

Ciudad severa, tan gris y tan bella.
Tan llena de nostalgia.
Lluviosa, aún soleada
y verde en una plaza.
Asfalto se figura.
Dibujo de Picasso,
todo un solo plano,
de negros nubarrones,
y mil jacarandás,
y largos vestidores.
Madres ensalzadas
y enormes chupetines.
Ciudad, escultura,
dura y vibrante.
Ciudad volcán,
enigmática en silencio,
y otra vez por explotar
en un grito rompe cielo,
en un fuego de palomas
para la libertad.
Y en una escarapela.
Ciudad…,pisada por sus huellas
que no tienen porqué pisar,
porque solo son dibujos
que ya no pueden curar.
En caras vacías
y manos arrugadas.
Ciudad de pelo largo,
que nació con la chaqueta
y de geta al mundo viejo.
Donde todo es en joda,
y ella tan nostálgica,
es una carcajada.
Es una niña que come chocolate
sin ensuciarse la cara.
Una luna en cuarto creciente
que acorta la vida.
Obra social, frente a mi frente;
que raro que parece
cuando todo termina.
Donde toda la pureza
es feria de mercado
y uno es un soldado,
y el pasto centinela.
Ciudad que respira río contaminado.
Ciudad feliz, al fin y al cabo.
Emerge en los recuerdos
Corrientes de mil corrientes
tangueras y cholulas.
Tardes diurnas, mediodías,
y tu gran filosofía
de libros o barbarie.
Y ahora en matecitos
pedís los mil perdones.
Ciudad gris, entre algodones
está tu fantasía.

«Horas»

«Horas»

Dónde quedarán mis horas,
perdidas en la roca de lo insoportable.
Si pasan sin que las escuche el viento,
cuando emparedadas
se deshacen, barro cocido,
en tus ojos acuáticos
que abarcan tu imagen.
Sin el hoy de los cristales
y los días lluviosos,
porque pasan pegajosos
colmenas grises, ostras,
que carcomen el ocio
cuando pasan las horas.
Horas azuladas
que deslizan gente
por toboganes, rojo ladrillo.
Y pescan bagres,
agonizando en un perfil
en incienso tibio.
Y pescan novias nacaradas,
de punta en blanco
suave y albahaca,
noche serena,
muy perfumada.
Pintan estrellas en la solapa.
Sol amarillo.
Horas de fiesta, en anilina,
corren ansiosas.
Ensimismadas al rebenque
de un corsario y sin pudor
se aferran dulcemente a un bastidor.
Y cuentan segundos
de una estepa.
Durmiendo en un burdel,
en un casco con tachuelas.
Como crines al potrillo,
las horas a mi piel
sigilosas pierden ritmo.
Bajo otro cielo,
a otras costas.
Pulpa de manzana
mil veces compartida.
Como ondas sonoras
en lo profundo de un mar;
tragadas por ballenas.
Las horas aplastadas.
Laberinto de enero.
Entre todas las cosas
pasan orgullosas
por tus ojos de alfalfa,
pupila resentida.
Pasan las horas como si nada.
Buscan de cerca una primavera
y pescan bagres en una orilla.
Son lo más simple
y lo más difícil de encerrar en un convento.
Oro y lodo.
Barquitos de papel.
Qué hermosa sería la historieta,
si las horas no fueran opio,
y fueran siempre amanecer.