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Te fuiste en tu canción,
no te necesitaba,
y después vi tu imagen toda desfigurada.
Y entonces supe que estabas muy perdido,
y aunque quiera no puedo tocarte,
no hay barcas que crucen de tu país al mío.
Esa es la verdad;
no tenés seguridad,
pero hay una muralla,
y estás más lejos cuando te miro.
Tus ojos se hacen culpas,
tus arrugas son secuelas en mi alma;
te siento en el recuerdo,
cuando eras tapir y pisabas mi mañana,
y las manos eran firmes y también las palabras.
Y ahora…, desierto;
no canté tu canción,
y la culpa me mata,
por eso tanta pena al pensar en vos.
Palabras muertas,
y te escondés, y tu razón no entra en la mía,
ni tu corazón.
Tus ojos quietos,
son mis culpas,
son lágrimas dormidas
de tantos días.
Se hace tan difícil mostrarte lo que siento.
Y tu defensa entre tu puerta y la mía;
la puerta para verte a vos
como vi tu imagen en otras vidas.