Temo al fracaso, que no tengo,
lo encuentro entonces dibujado
y en cualquier parte lo invento.
busco enfrentarlo para palparlo,
para perder sus líneas mal trazadas
por una sociedad estructurada.
Para que no me sorprenda por atrás
y se convierta también en mi espalda,
que pesada cueste llevar
a cuestas, muy jorobada.
Pero busco a tientas, no espero nada;
no hay nada fijo, todo en procesos,
si todo vive, y todo cambia.
Y no hay verdades, si son conceptos,
y ponen nombres en pensamientos
tan ancestrales, mil mandamientos.
Y que entiendo por fracaso
dirá el grado de mi miedo.
Triunfo y fracaso no son personas.
No hay medidas para arbitrar
sobre el bien y el mal,
sobre lo justo,
si el rechazo es inmortal.
Porqué balanzas en otras manos
para juzgarnos, poder amar,
porque amamos u odiamos
por los aplausos de la popular,
si así se entiende por algún triunfo
ya no es amor, sólo admirar;
que pena, eso es demostrativo
y muchas veces se siente más.
Pero otros ojos no dicen nada,
el triunfo está en la persona
que se siente bien y siente llegar.
Simplemente vale aceptarse,
fracaso y triunfo es un ideal
que sella extremista
a la persona en la sociedad;
donde uno se encierra,
porque se adeuda a la libertad;
debo ser hermoso, alegre, servicial,
mejor me quedo adentro,
la exigencia va a bloquear.
Y quién dice,
y quién dijo
si debemos callar, si debemos hablar;
hay muchos, o no hay nadie,
según cada uno quiera encontrar.
Siempre va a haber un censor,
si nos mata que señalen con el dedo,
y corremos…, tras el centímetro universal.
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