El amor necesita las ventanas abiertas.
Y el amor de casados
halló su escalera
para pisar fuerte,
pies sobre la tierra,
y perderse en la polvareda.
La realidad sopla con fuerza
y si un amor no vuela
lo pisa, ensucia y seca.
Y el amor de nubes
pasa rápido y altanero,
es amor de fuego
que duerme libre en el cielo.
Y el amor no se imprime
en ninguna libreta,
sólo son nombres que prometen tiempo,
Juan y Juanita,
y el amor no espera.
Va mariposeando
en el pasamanos,
como una veleta que empuja el viento
mirando a todos los puntos cardinales,
echa llamaradas,
es un sol de invierno.
Y ellos deciden guardar o cazar amor
e inventan un casamiento;
preparan jaulas de mil proyectos,
hijos, y casas de veraneo;
sin saber que el amor
tiene su tiempo, su decisión,
y se puede ir yendo.
Y Juan y Juanita se atajan fuerte,
se aferran a sus ropas con desesperación,
y el miedo a perderse, sin saber que es reflejo
y no hay nada más que eso.
Y si no, están con otros,
y Juana y Juan se esperan.
Pero no hay pasión,
un poco de cariño, está el amor pisado,
por una realidad, tan altanera como el mismo amor.
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