por Valeria Kamenet | Sep 17, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Cuándo te voy a encontrar
para alejarme tiesa.
Si pudiera tan sólo
mecerte sin razón.
Me invade hueco hondo
neolítico misterio de certeza,
que parece mentira sellada en la piedra:
que te quiero, y desde el pozo veo el sol.
Ansiedad de paloma a cielo raso muerta,
porque entre enredaderas los cuervos van;
que muerdan si quieren pero en nubes blancas
con migas de esperanza al agonizar.
Podré ver al menos horizonte desde tu lecho
cómo vos me cuidás, descuidadamente.
También quiero creerte, entre mil amenazas,
de tu eterno letargo y tu ardiente espejo,
tu mano punzante tus ojos abiertos,
como observando mis letras espiando acentos.
Perdición en tu selva, alarma, sobresalto.
Puedo caminarte por un surco y no encontrarte;
y cuál será el destino caminante no hay camino,
tendré entonces que labrarte.
¿Estoy o creo un cansancio?
No quiero perder mi impenetrable
de curvas utópicas y ríos soñolientos,
de risa arcaica y futuro humanista.
Si cuando me expulsás de mis sienes llovidas
flechando mi vientre.
Si el amor se hace lucha
y no hay lucha amorosa que persista con alguna muerte.
Yo no muero, mi amor,
me parezco al insomnio convaleciente
aún en penumbras cuando vos me penetrás
con tu península abismal incluso,
indagante, a largo plazo.
Pero el ocaso vuelve las estrellas a su sitio;
podrían contarse con los dedos,
y vos te alejás gratuito.
Y el cielo queda blanco más blanco
que los gallos azules aguzando sueños,
las mañanas claras lloviendo en mi cuerpo.
Dejo cesantes mis entrañas pródigas
que son atardeceres cuando es amor la noche,
y la sábana ternura en nuestro paso laxo.
Hasta qué galaxia quiero llegar
con el útero erecto
y mi piel vencida para que tu piel…
Para que tu piel sienta de mi luna pasiva,
aunque siempre lasciva, una margen de río
que no existe y así la descubrís.
Qué pasa en las caricias resbalan melodías.
Mesámonos en cunas de sol y dulzor.
Nacer de nuevo con tus flechas hirientes.
Esperando amaneceres, aunque no halla ocasos.
No volver a izar palomas, levantar el vuelo.
Expulsar serpiente tu cianuro sueño.
Cuándo no habrá horizonte que no alcance a tus manos,
a tus ojos fuego.
Sin agonías palomas seamos,
voy a tenerte en mi retrato a decirte que te quiero.
Sin buscarte por tantos caminos,
hace tiempo que el viento me lleva.
Y sin ansiedad de soles
voy a entender tus hogares
de leñas y ladrillos y vos mi conventillo.
Y nuestras costas tan desconfiadas
la marcha del desague
sin cama y sin hoteles podrán gritar por Delta.
también ya la paloma no teme al cielo raso
porque se abre al espacio sin prevenir más,
y así no toca fondo y es todo más sencillo,
profundo es nuestro cielo en la profundidad;
que buscar tallos aún sin las raíces
es molienda al amor o idealizar.
No hay para alejarse, no hay oxígeno que alcance,
yo respiro por tus poros o quiero probar.
No inventar donde no existe,
sí inventar adentro nuestro cuando no vemos y está.
Sí salir a conquistar con nuestras alas fugaces;
sin miedo por cultura, sin hacerle culto al miedo
nos podemos amar.
por Valeria Kamenet | Sep 11, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Te invento donde sea,
te pinto mil colores.
Se destiñe en persecuta
la atmósfera de espera.
Y vuelvo a transformarte
saboreando el miedo.
Siendo por lo que sos
aunque sin registrarte,
no porque seas poco
pero me voy perdiendo.
Ansiosa y vacía.
Llena y contenida.
Marchitándome y creciendo.
Fugándome en tus acuarelas.
Empujando la misma irrealidad
que frena impaciente
la verdad que siento
cuando miro tus ojos.
Con tantas sensaciones
y tantos larga vistas
y tanto desinterés
con tanta memoria.
¿Podemos vivir en arco iris?,
y volando también;
si total yo estoy entre el sol y el llanto
de las ganas de decirte, de que sientas que te amo tanto.
Aunque no halla historia
y lo hallamos inventado.
por Valeria Kamenet | Sep 11, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Un camino sin estrellas, para fugarse,
que me alumbran el camino
para hallar los recónditos misterios de mi naturaleza
y encontrar mi conexión con todas sus fuerzas.
Precipitarme por mi río.
Dónde están las malezas
que entorpecen mi carrera de consciente;
de dulce poesía, alegría y muerte,
anárquica, profunda y sorda.
Sabia cuajada de mi ser,
un día escribí sobre tus picos
tus aves de rapiña y tus mitos.
Vino la risa a mi tristeza,
tapando las huellas de arco iris;
refrescando mi memoria
que oscila entre perderse y buscarse.
Tengo artistas en el tiempo
que viven estrechos a mis entrañas.
Porque existen no quieren escuelas.
Yo viajo delirante
monstruosa de horizonte.
Maquillaje en la sangre.
Espero a lo que venga.
Aunque sin influenciarme
casi no decido.
Me fugo por mis vicios;
cuaderno de esfuerzos.
Es un sol el que alumbra
improvisando senderos.
por Valeria Kamenet | Sep 11, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Parque misterioso, paraíso solo.
Calles, de bicicletas eras en aquel entonces.
Caballitos de veletas.
Árboles y errores.
Otro cielo guardó tus nidos.
Guardás entonces mis picos de llanto,
mis plumas ciegas, mi abrazo de hamaca,
mi lucha de pasto,
mi miedo de ruedas, y mi libertad…
así, entre espinazos, y dura corteza.
Aunque más superficial
sos tanta luz ahora.
¿Qué te hicieron?
Te volvieron rococó rosado.
Pintaron de cartón belleza tu esencia de vida.
Menos auténtica, para mi piel…, vos sabés
a través tuyo descubrí mi espacio.
Peluquín de fantasía.
Ahora vas montado en tus soles,
tus fuentes hasta el cielo,
tus árboles balcones.
Señores de piedra, tu lago dormido.
Parque. Escuela. Bello parque.
Aún así. Cuatro o cinco cuadras:
Te siento mi tierra.
Paz de campo mutilada en la avenida.
Paraíso solo. Sueño profundo.
Ayer de sueño. Parque pasado.
Escondido parque, aún así.
Cuatro o cinco años.
Te siento mi vida. Te siento padre.
Centenario. Hermosura agreste.
Abrazarte de un solo abrazo.
Si mi infancia es un secreto entre los dos.
De un paso abarcar tu mundo.
Remontarme en tus aires.
Hasta ahora la piedra me canta,
canciones de cuna, tus fuentes colores.
Cantan tus patos, tu vida canta
tu cielo, ya no cielo raso raso dejado en el olvido.
Hermano, de tu paz me alimento,
de tu verde respiro.
¿Conmigo irás creciendo?
Centenarios en mi mundo
y medio lejano, no sé cuando,
otro aniversario de amigo.
por Valeria Kamenet | Sep 11, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Vine a buscar, quien me escucha,
la mansedad del agua.
Puedo ver ahora toda la hermosura
y en el silencio me siento recortada,
recortada por tijeras, quien me escucha,
de la imperfección humana.
Y si nadie me escucha no pasará nada,
total no podré verlos ni escucharlos tampoco.
Mi lucha tan imbécil se hace carcajada.
Pájaros míos cómo envidio sus alas.
Ahora mi vida está toda enredada.
La palabra conflicto tan lejos de todo.
En este momento hay selva entre mis ojos,
hay selva entre mi pelo.
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos,
recolectando misiles de sol.
Ansiedad naturaleza de pedirte perdón;
porque mi cuerpo es también de agua
pero no es como este lago que adormece tranquilo.
Se estremece convulsivo en ardiente batallón.
Por eso ahora yo siento que mancho este paisaje.
Nacimos y crecimos reventando el ladrillo.
Mis manos ahora sangran
y todavía no estoy llorando.
Y sí quiero darles mi canto,
y sí quiero que escuchen.
Lago tranquilo enséñame a mirar.
Vos abrís los ojos
y ya en vos tenés el día.
Los árboles y el cielo pintados no están
y yo quiero mirar, y no solo mirar;
y lo veo todo tan hermoso…,
para el que me escuche
no puedo reaccionar.
vivimos martillando
hoy fuera está la calma
adentro tempestad.
Y simpleza de mar.
¿No existe esa simpleza?
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos.
Pajaritos míos, enséñenme a volar.
por Valeria Kamenet | Sep 11, 2026 | 1985, Lírica Adolescencia
Eran dos gotas de agua
que se encontraron en la ventana.
De un lado el paisaje se veía hermoso,
los sauces lloraban al cielo
pidiéndole ternura al sol.
La gota miraba extasiada su verde sin razón,
temía que la tierra la absorbiera
y quería correr por la pradera.
Pegada a la ventana sentía su acuática figura
deslizarse por la madera.
Había un lecho de flores donde estaba ella
mares de algas…
horizontes naranjas bañando su cintura
médanos de arena.
Todo esto lo veía la otra gota,
la que venía del sauce y la pradera.
Cada una atropellada
dando espalda a su hermosura
por la cornisa se balanceaba
en su cápsula de luna.
Dos aguas en vidrio frío
de las hojas se venían deslizando,
una era lágrima, la otra río.
Ahora son materia donde empieza la vida,
por el vidrio se observan, nitrógeno y oxígeno.
Se observan, se respiran.
Eran dos gotas de agua que de tanto mirarse
se perdía una en la otra
hasta absorber el paisaje
del que la otra venía.
Se empañaban sus ojos…
aunque fueran cristalinas,
dejaron de sentir el cielo
y el vidrio desaparecía.
Son dos gotas de agua
que por rejas complejas de deslizan.
Se entendían entonces,
sin comprender los caminos
prefijados por aquella estructura de hierro
por donde van a puntillas;
ciegas se sorprenden,
y aunque una u otra un poco más deformada
se empiezan a estrechar
su perfección líquida.
Y se asustan las gotas,
pierden primero las botas
y después el paraguas.
Dos gotas se sintieron hermanadas
y empezaron a perder el tiempo
reflexionando por su morada.
Sin razón se fueron meciendo,
tras la pérdida de gramos
las gotas tuvieron miedo;
que un átomo más, que un átomo menos.
Para hacerle frente al fracaso,
superficialmente se unieron en un abrazo.
De la ansiedad se hicieron laguna
hundiéndose en sus propios cuerpos,
por la persiana hasta los mosaicos.
Las dos gotas dos gotas de agua
se retorcían en el trapo.
Una era dique la otra esperanza
ambas poesía dentro de un vaso.
Y las gotas obsesivas, ciegas, se amoldaban
a la vieja acera de ollas y platos.
Para volver luego
a sus mundos tan lejanos.
Pero eran dos gotas de agua
con miedo a la confusión, de identidades,
miedo al rechazo.
Pasó el tiempo, y de tan iguales,
un buen día las pescaron.
Llegó un batallón de gotas
empujando por el caño.
Se perdieron en su masa
y sin mirar por la ventana
fueron agua, sin más vueltas,
se perdieron sus memorias;
el sutil miedo al contacto.
En bullicios de cascada
las gotas por orgasmos,
lloraron así las gotas
de sal se procesaron.
Dos gotas de agua, entre ellas se ahogaron.
Y después llegó el sol,
las lágrimas borraba
el mar se evaporaba;
las gotas se secaron,
llegaron hasta el cielo
livianas y blancas por médanos, praderas
se fueron volando.
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