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Cuándo te voy a encontrar
para alejarme tiesa.
Si pudiera tan sólo
mecerte sin razón.
Me invade hueco hondo
neolítico misterio de certeza,
que parece mentira sellada en la piedra:
que te quiero, y desde el pozo veo el sol.
Ansiedad de paloma a cielo raso muerta,
porque entre enredaderas los cuervos van;
que muerdan si quieren pero en nubes blancas
con migas de esperanza al agonizar.
Podré ver al menos horizonte desde tu lecho
cómo vos me cuidás, descuidadamente.
También quiero creerte, entre mil amenazas,
de tu eterno letargo y tu ardiente espejo,
tu mano punzante tus ojos abiertos,
como observando mis letras espiando acentos.
Perdición en tu selva, alarma, sobresalto.
Puedo caminarte por un surco y no encontrarte;
y cuál será el destino caminante no hay camino,
tendré entonces que labrarte.
¿Estoy o creo un cansancio?
No quiero perder mi impenetrable
de curvas utópicas y ríos soñolientos,
de risa arcaica y futuro humanista.
Si cuando me expulsás de mis sienes llovidas
flechando mi vientre.
Si el amor se hace lucha
y no hay lucha amorosa que persista con alguna muerte.
Yo no muero, mi amor,
me parezco al insomnio convaleciente
aún en penumbras cuando vos me penetrás
con tu península abismal incluso,
indagante, a largo plazo.
Pero el ocaso vuelve las estrellas a su sitio;
podrían contarse con los dedos,
y vos te alejás gratuito.
Y el cielo queda blanco más blanco
que los gallos azules aguzando sueños,
las mañanas claras lloviendo en mi cuerpo.
Dejo cesantes mis entrañas pródigas
que son atardeceres cuando es amor la noche,
y la sábana ternura en nuestro paso laxo.
Hasta qué galaxia quiero llegar
con el útero erecto
y mi piel vencida para que tu piel…
Para que tu piel sienta de mi luna pasiva,
aunque siempre lasciva, una margen de río
que no existe y así la descubrís.
Qué pasa en las caricias resbalan melodías.
Mesámonos en cunas de sol y dulzor.
Nacer de nuevo con tus flechas hirientes.
Esperando amaneceres, aunque no halla ocasos.
No volver a izar palomas, levantar el vuelo.
Expulsar serpiente tu cianuro sueño.
Cuándo no habrá horizonte que no alcance a tus manos,
a tus ojos fuego.
Sin agonías palomas seamos,
voy a tenerte en mi retrato a decirte que te quiero.
Sin buscarte por tantos caminos,
hace tiempo que el viento me lleva.
Y sin ansiedad de soles
voy a entender tus hogares
de leñas y ladrillos y vos mi conventillo.
Y nuestras costas tan desconfiadas
la marcha del desague
sin cama y sin hoteles podrán gritar por Delta.
también ya la paloma no teme al cielo raso
porque se abre al espacio sin prevenir más,
y así no toca fondo y es todo más sencillo,
profundo es nuestro cielo en la profundidad;
que buscar tallos aún sin las raíces
es molienda al amor o idealizar.
No hay para alejarse, no hay oxígeno que alcance,
yo respiro por tus poros o quiero probar.
No inventar donde no existe,
sí inventar adentro nuestro cuando no vemos y está.
Sí salir a conquistar con nuestras alas fugaces;
sin miedo por cultura, sin hacerle culto al miedo
nos podemos amar.