Eran dos gotas de agua
que se encontraron en la ventana.
De un lado el paisaje se veía hermoso,
los sauces lloraban al cielo
pidiéndole ternura al sol.
La gota miraba extasiada su verde sin razón,
temía que la tierra la absorbiera
y quería correr por la pradera.
Pegada a la ventana sentía su acuática figura
deslizarse por la madera.
Había un lecho de flores donde estaba ella
mares de algas…
horizontes naranjas bañando su cintura
médanos de arena.
Todo esto lo veía la otra gota,
la que venía del sauce y la pradera.
Cada una atropellada
dando espalda a su hermosura
por la cornisa se balanceaba
en su cápsula de luna.
Dos aguas en vidrio frío
de las hojas se venían deslizando,
una era lágrima, la otra río.
Ahora son materia donde empieza la vida,
por el vidrio se observan, nitrógeno y oxígeno.
Se observan, se respiran.
Eran dos gotas de agua que de tanto mirarse
se perdía una en la otra
hasta absorber el paisaje
del que la otra venía.
Se empañaban sus ojos…
aunque fueran cristalinas,
dejaron de sentir el cielo
y el vidrio desaparecía.
Son dos gotas de agua
que por rejas complejas de deslizan.
Se entendían entonces,
sin comprender los caminos
prefijados por aquella estructura de hierro
por donde van a puntillas;
ciegas se sorprenden,
y aunque una u otra un poco más deformada
se empiezan a estrechar
su perfección líquida.
Y se asustan las gotas,
pierden primero las botas
y después el paraguas.
Dos gotas se sintieron hermanadas
y empezaron a perder el tiempo
reflexionando por su morada.
Sin razón se fueron meciendo,
tras la pérdida de gramos
las gotas tuvieron miedo;
que un átomo más, que un átomo menos.
Para hacerle frente al fracaso,
superficialmente se unieron en un abrazo.
De la ansiedad se hicieron laguna
hundiéndose en sus propios cuerpos,
por la persiana hasta los mosaicos.
Las dos gotas dos gotas de agua
se retorcían en el trapo.
Una era dique la otra esperanza
ambas poesía dentro de un vaso.
Y las gotas obsesivas, ciegas, se amoldaban
a la vieja acera de ollas y platos.
Para volver luego
a sus mundos tan lejanos.
Pero eran dos gotas de agua
con miedo a la confusión, de identidades,
miedo al rechazo.
Pasó el tiempo, y de tan iguales,
un buen día las pescaron.
Llegó un batallón de gotas
empujando por el caño.
Se perdieron en su masa
y sin mirar por la ventana
fueron agua, sin más vueltas,
se perdieron sus memorias;
el sutil miedo al contacto.
En bullicios de cascada
las gotas por orgasmos,
lloraron así las gotas
de sal se procesaron.
Dos gotas de agua, entre ellas se ahogaron.
Y después llegó el sol,
las lágrimas borraba
el mar se evaporaba;
las gotas se secaron,
llegaron hasta el cielo
livianas y blancas por médanos, praderas
se fueron volando.
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