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Vine a buscar, quien me escucha,
la mansedad del agua.
Puedo ver ahora toda la hermosura
y en el silencio me siento recortada,
recortada por tijeras, quien me escucha,
de la imperfección humana.
Y si nadie me escucha no pasará nada,
total no podré verlos ni escucharlos tampoco.
Mi lucha tan imbécil se hace carcajada.
Pájaros míos cómo envidio sus alas.
Ahora mi vida está toda enredada.
La palabra conflicto tan lejos de todo.
En este momento hay selva entre mis ojos,
hay selva entre mi pelo.
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos,
recolectando misiles de sol.
Ansiedad naturaleza de pedirte perdón;
porque mi cuerpo es también de agua
pero no es como este lago que adormece tranquilo.
Se estremece convulsivo en ardiente batallón.
Por eso ahora yo siento que mancho este paisaje.
Nacimos y crecimos reventando el ladrillo.
Mis manos ahora sangran
y todavía no estoy llorando.
Y sí quiero darles mi canto,
y sí quiero que escuchen.
Lago tranquilo enséñame a mirar.
Vos abrís los ojos
y ya en vos tenés el día.
Los árboles y el cielo pintados no están
y yo quiero mirar, y no solo mirar;
y lo veo todo tan hermoso…,
para el que me escuche
no puedo reaccionar.
vivimos martillando
hoy fuera está la calma
adentro tempestad.
Y simpleza de mar.
¿No existe esa simpleza?
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos.
Pajaritos míos, enséñenme a volar.