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Cuando los ojos no inventen
caricias de sol,
un pensamiento de viento
se acople en los rumores de las manos.
Una espuma en la sien
llegue a los tentáculos de hormigas
que descienden por los dedos;
no podremos hacer más que buscarnos ciegamente
en la seguridad de no encontrarnos.
El amor no es ajeno
a todo lo ajeno…
Sólo una parte, dos, tres,
cinco constelaciones de duendes vacíos
vuelcan su torrente de luna,
y se van metamorfoseando con el horizonte
que vuelve a bajar, encendido…
con alguna lluvia
para limpiarnos.