Suben los andares
por un vientre de escalera.
Un olor a enigmas
acecha el desencuentro.
Llevo la tibieza hacia otros lugares,
en susurro de arena
donde canta el viento.
Hay una ventana abierta
que transpira en tu alma,
con un frío que gotea
dibujando remedios.
Gota a gota
se encienden las luces;
en incendio de piano
se dilata el misterio.
Calla tu aeroplano
cuando todo se acerca;
un canario en su jaula
se marchita de miedo.
Andan por la tierra
las esponjas voraces
que nos llaman invisibles
cuando todo lo vemos.
Tengo tu pupila en mis manos,
pero no la retengo.
Sé que me pide ayuda
la canción del viento.
Soy una ventana abierta
con bisagras de fiebre;
puedo verte en el hospicio
de mi libre silencio;
con montañas de siglos
y carreras de liebre,
con tu mente de horizonte
que no llega
van lloviendo las noches
esperando sucesos…
Calla tu aeroplano
cuando todo se acerca;
un canario en su jaula
se marchita de miedo.
Andan por la tierra
las esponjas voraces
que nos llaman invisibles
cuando todo lo vemos.
Vamos picoteando la luna,
y los pájaros esperan al sol
para abrir los momentos.
Hay cuentos de nogales enanos
que sienten los días
mientras vamos subiendo.
Te calienta la brisa;
te despierta el encuentro.
Y salimos… despacito,
salvando los gritos,
matando el entierro.
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