por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Ya pueden volar estos versos
en la agonía de tu mirar
difuso en las paredes de octubre.
Siento el crujir de las manos
en la tierra anochecida,
como vi las estrellas en las lágrimas
que arrimaban tu recuerdo a la angustia del sueño,
de lo que ya no existe.
Como esa quietud del frío para encontrarte,
mi risa de luna con caminos perdidos,
el río tibio para acunarnos.
Y de pronto se van estas cifras con tu lejanía
tan siniestra de fantasmas
que me invita a la muerte, de tanta distancia
a dormir en su regazo,
a rendirme a su marea;
…y perderte de estas hojas
para ya no escribirte.
Pero sigo palpando tu pesar,
inmóvil de sorpresas
que me sigue llamando;
manchado como un poniente claro
en un cuadro incomprensible.
Ya es tiempo de que vuele,
de que vuelen estos versos
hasta tu fulgor, tu verano madrileño,
tus pupilas inventadas, tu trinar angustioso,
tus manos deshojadas,
tu tajante sentido de la vida.
No puede mi entorno mojar el mar a tu encuentro.
…Qué regreso…
Qué pilares de sombras se levantan como un templo;
encendiendo el alboroto en lejanías.
Y todo se abre…
sin que nada ni nadie pueda devolverte estas hojas,
arrimarte estos días,
y callar el silencio,
y ablandar lo necesario,
y aguantar esta lluvia indolente
que todo dice y nada nos cuenta;
que va pariendo imágenes
con verbos perdidos, sin un recado.
Vos tenés una aurora de invierno
y yo tengo ese frío embalsamado…,
suspirando en mi boca.
Estarás despertando a nuevos puertos,
con mañanas enceradas de nostalgia.
Buscando tus latidos perdidos,
y a cada paso podrás encontrarme
hundida en el cielo de tus lagrimales,
inmersa en soledad;
diciendo mi reloj insinuador
que tanto te quise
y que aún te guío
de este lado de la vereda
donde vos no pisás.
Donde vos me ves entre corales
junto a otras nubes
junto a otras tardes.
Te amo salpicada de malvones.
Te presiento enjaulada en mi voz
que desea tu horizonte.
Cargada de esta noche en primavera
que aún necesita abrazos.
Con la nueva azalea brotada de soles,
te hablo, desde este hambre.
Bajo el monte del olvido
que no pude escalar
te confío mi piel abstracta,
que nunca llenó los almanaques,
que siempre se enjuagó de flores
huidiza de carbón.
Así te alimento con esta distancia
sin olas ni plegarias.
Con barcas de por medio que no avanzan;
con hombres y peces embriagados;
costeando un amor tan alto.
Buceo tus migas de esperanza,
y tu carne de viaje
se hace adentro tan ligero
que me cuesta creerte,
y el recuerdo no alcanza.
Y el no tenerte, con los versos al olvido
se descubre en un momento…,
y se diluye en el aire.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Que no se hagan tan largos los caminos
cuando vuelva a encontrarte.
Que corra la siesta de los vientos
por tus párpados mojados
y se abra el sol.
No tienen manos los horizontes
para cubrirte cuando todos los caminos me alejan.
Yo necesito de tus canciones
que se llevan la mañana,
y tus granos amargos
de humo pensante.
Pero tus manos son otras,
aparecen y desaparecen con la primavera
y me cierran por un instante.
Tu pupila perdida en un océano de luz,
en el fondo de la orilla
que se arrastra desconfiada.
Quiero penetrar en tus cabellos
sin el cuello peinado
y tensa la mirada,
y la piel astillada.
Hallo tu perfil moribundo
dentro del paisaje.
Yo persigo tus mundos, los persigo;
porque vienen al mío,
aunque yo no los llame.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Vinieron las nubes
a bañar el horizonte
y el agua envolvía el aire
hasta la costa festejada…
de luces fabriles.
Se clava el espigón,
hiriente en las hilachas del río.
Y el tul del cielo llovido
se derrite en cenizas de escarcha.
Allí el pequeño ronroneo del oleaje
golpeando en los oídos de la noche
es la más bella partitura.
Los chasquidos del agua
sorprenden nuestras bocas mudas,
y la orilla es incienso
en la fragancia arenosa.
Como panales llegaba el agua,
dulce, de escamas muertas.
Nuestra caminata cortada
en el abrazo azulado de la noche.
Y en nuestro amor
es tan pequeña la esfera celeste
que ya somos el río, el horizonte lejano, el cielo.
Cómo poder abarcarlo…
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Saldremos despacito
para ver la mañana.
Aplastando a la gente
que quedará como el agua,
que se amolda al paisaje
y al objeto.
Transparente y sin historias.
Sin dominios y el miedo sin aire.
Y podremos respirar olvidando el ego.
Después vamos a encontrar el sol
en las hojas seduciendo
con su baño soleado en la vereda.
Y vamos a echarnos a correr en la tranquilidad,
jugar en la inocencia,
descubrir en lo ya visto.
Las pelusas del sueño
nos van a sedar de amor.
Y no vamos a volver.
Aunque sigan los gritos y durezas;
porque nadie se dio cuenta
que los fuimos cambiando.
Y después de la dolencia
vamos a identificarnos,
abriéndole paso a la imperfección.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Por dónde se empuja
a la brisa que me lleva
cubriendo lejanías
y objetos cercanos.
Se va entibiando este pesadumbre
de retratos rotos y de agujas sonoras,
y de toda construcción embalsamada
derritiéndose al sol.
Remuevo el horizonte de un día eterno
vivido ya mil veces,
con todo el pasado en celuloide
de cerebro gris.
Elijo trozos de mi organismo
para componer las figuras
cuando se nubla el cielo de los ojos;
y no se ven las calles ni las manos,
ni las tuyas le cuentan cómo está el paisaje
a mi ceguera muda
que no te advierte
la distancia ni la angustia.
La angustia del recuerdo y del mañana;
de tu viaje y de amigos de nudos,
de mi cuello duro
y mi torpeza en la sangre.
Cómo postergar el sueño de las costas
por un parto ausente
y ese filo agonizante de la noche
que nos parte en tres.
Y llega el abrazo de espanto
y el engaño de la vida
para que te quedes.
Y ahora aún más frío…
espero qué vendrá
con la muerte adentro.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Estaciono los espacios.
Se cruzan en islas fugaces de llenura
perdidas en la arquitectura de mi ser,
tan violable, … y ahora… frío.
Cuento las monedas que me dejan los días;
tengo los bolsillos rotos
y bailo, en esta dejadez
más desparramada que nunca.
El miedo, los mechones, los respiros;
vuelvo a destruirme en la quietud del cuerpo,
en los tics congestionados
y la mente calcinada.
Hipótesis fugaces…
el mañana como una vivencia,
y el presente como un pasaje;
el oxígeno es entonces ansioso
en el polvo del sol
y las sombras se vuelven
el lamento del ayer y la indiferencia,
con una cantidad de cinismo para seguir
extrañando este ahora que no existe,
que siempre se nos va de las manos,
de los nervios, y queda en la memoria…
…si es que se dignó a pasar…
hasta que decidamos VIVIR.
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