Seleccionar página

Que no se hagan tan largos los caminos
cuando vuelva a encontrarte.
Que corra la siesta de los vientos
por tus párpados mojados
y se abra el sol.
No tienen manos los horizontes
para cubrirte cuando todos los caminos me alejan.
Yo necesito de tus canciones
que se llevan la mañana,
y tus granos amargos
de humo pensante.
Pero tus manos son otras,
aparecen y desaparecen con la primavera
y me cierran por un instante.
Tu pupila perdida en un océano de luz,
en el fondo de la orilla
que se arrastra desconfiada.
Quiero penetrar en tus cabellos
sin el cuello peinado
y tensa la mirada,
y la piel astillada.
Hallo tu perfil moribundo
dentro del paisaje.
Yo persigo tus mundos, los persigo;
porque vienen al mío,
aunque yo no los llame.