por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Historias para que maduren
las efervescentes complicaciones
que te sostienen,
y el escapismo chato que se te escapa
es palabra sólida,
y es raciocinio fuego
que esconden la quemazón de tus lagrimales.
Llegaste con los huesos húmedos… de talento;
y con el cielo nefasto de mucho juego,
muchos datos, y pocas convicciones.
Hundido en crepúsculo,
más allá de las estampas y los calabozos.
Con el hambre en los oídos
y el silencio en las pupilas.
Bajo un cielo incrédulo de miradas ausentes,
y bocas que respiran para gritar,
cuándo vamos a encontrar
si esperamos tanto.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Y pasan los días
esperando las noches,
con tantos planes y movimientos
con tantos descontroles.
Sin poder sentir nuestra hacendosa fatiga.
U otras veces mirando el techo
alcanzando los puntos cardinales
…de tantas tardes.
Y el tiempo pasa
como burlándose de nuestra eterna espera
a una experiencia nuestra.
Estéril cadena de conductas
hasta el no asombro y el constante acostumbramiento.
Creo que esta nueva tira sensorial
no es más que tu propia esencia
de pasado y futuro;
que es siempre la misma,
con estas nuevas curvas de siempre.
Porque todos somos tan múltiples
y extensos como el universo;
que todos conocemos, casi sin saberlo.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Dónde está el lugar
para que yo grite,
uniéndose los sauces
y las piedras fugaces
de mi circuito en penumbras
y selvas mortales.
Se reposan en los hombros dormidos
del crepúsculo…
donde sueñan las estrellas
con arcadas de paz
sobre el universo.
Y se amontonan las lágrimas del océano
en tus ojos campestres,
y tus pies montañeses
escapan a los vientos
de fría porcelana,
se asisten
de yerba elocuente
y algas risueñas,
esteros pomposos de algodón.
Y estampas con lianas del alba
florecen en mis ríos
deseosos de sombras
y soles primerizos.
Crédulos de amapolas
y lápidas azules
de hornos en glaciares,
palomas negras
que juegan con la luna
y la desplazan de su eterno viaje;
envejece en cada beso
y se duermen mis brazos de fantasmas…
Se despiertan las venas fluviales
enajenadas de pasión.
Y las huellas de tu vientre
tienen la lata de la noche
para comprender las pupilas
y las pestañas de la mañana,
cuando llega el eclipse del amor
y con un vuelo de águila
puedo ver mi anatomía
y saber que estoy viva
y gritar en los umbrales del llanto
…entonces tan tonto,
y tan importante para el cultivo.
Y le escapo al miedo del arte
que está adentro mío,
que existe cuando mi balsa se aleja
y se inclina al despertar
y amanece al ocaso…,
en fiestas de viñedos y espuma,
en labios de ceibo
y en peldaños de soles
escaleras al cielo.
Y despejo las nubes de mi éter,
amanso tus rodillas sabias,
absorbo tu sal profunda
y tu néctar envolvente.
Y quedo en tus poros tendida
prendida de la aguja del reloj
que me da la señal del olvido
…y la palabra…
Llueven mis manos de mariposas,
recorren la muerte
poseída de cansancio…
…y busco en el remanso
en este inmenso lago
mi ojo cósmico
de espesa pureza.
Existe un grito
sin tiempo y sin espacio
mío tan solo…
habita el infinito
que no alcanza la frente
que no alcanza tu cuerpo ni el mío
ni el oxígeno
ni el vientre
ni la firma del mundo.
Magnitudes que aparecen en viajes
sordos y mudos,
paralíticos, inodoros, insípidos;
que podrían recorrer mi energía
sin la sombra húmeda
y la palma marchita
para escapar de tantas cosas
o más bien
para penetrar…
…penetrar…
en lo inamovible.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Hace falta tanta retórica
para acabar con estos abismos
cada vez más profundos,
más compactos y a la vez más fugaces.
Hace falta tanto cálculo abstracto
para encontrar las raíces en lo imprevisible,
en el surco deshabitado
de la mente alienante.
Caminando las cámaras de oxígeno
hasta preguntarse el porqué de tantas preguntas
y que falte el aire.
Divagando en esa cordura
más concentrada que nunca
encuentro las fronteras del sueño.
Me tiento de energía
y esa lucidez tan loca
llega a velocidad de la luz
fragmentando respuestas.
Abarcando el aura,
gimiendo el descontrol
fingiendo la marea,
y pesada atmósfera de calidez
que después… después de tanto luchar
se olvida.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Subiendo por la orilla
de esta mañana tan soleada
como el color de tus ojos
que reman en mis aguas perdidas.
Costean paisajes espinosos
de luna y miel
y muelles de dientes filosos,
y ceibos de labios rojos.
Se derriten las gotas
en nuestros pasillos amargos
de baldosas frías…
aún cuando es colchón la noche,
pero la tarde permanece en mi mano
y rasguño tus paredes de nylon,
trepo por esta telaraña.
Resistiendo al cielo celeste
vos seguís intacto
cerrando tus alas
cantando tus salmos.
Como anuncio de crepúsculo inamovible
se encuentran nuestras pupilas
alcanzando escalones
en eclipse de fuego
que se quiebra en hielo
cuando pasan las sombras.
Por un instante acariciamos el mundo
con nuestro brillito
que florece en los saltos
nuestros espectros
que se escapan en los abrazos
pero quedan latentes
en esa fuerza inválida,
en ese amor tendido,
en el polvo apantallado de nuestro pestañar
toda la verdad y la vida.
por Valeria Kamenet | Sep 18, 2026 | 1986, Lírica Adolescencia
Una noche que se abre
para que el sueño despida al mar
y se llenen de espuma las pupilas
respirando arena.
Vaciando la nostalgia del aire
le cantamos al viento para que se duerma.
Porque entre esas ráfagas…
hay un horizonte que derrite a la luna.
Marcando las horas de nuestros cuerpos
que se iban enterrando
para escapar en ese faro clandestino de la noche.
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