Ya pueden volar estos versos
en la agonía de tu mirar
difuso en las paredes de octubre.
Siento el crujir de las manos
en la tierra anochecida,
como vi las estrellas en las lágrimas
que arrimaban tu recuerdo a la angustia del sueño,
de lo que ya no existe.
Como esa quietud del frío para encontrarte,
mi risa de luna con caminos perdidos,
el río tibio para acunarnos.
Y de pronto se van estas cifras con tu lejanía
tan siniestra de fantasmas
que me invita a la muerte, de tanta distancia
a dormir en su regazo,
a rendirme a su marea;
…y perderte de estas hojas
para ya no escribirte.
Pero sigo palpando tu pesar,
inmóvil de sorpresas
que me sigue llamando;
manchado como un poniente claro
en un cuadro incomprensible.
Ya es tiempo de que vuele,
de que vuelen estos versos
hasta tu fulgor, tu verano madrileño,
tus pupilas inventadas, tu trinar angustioso,
tus manos deshojadas,
tu tajante sentido de la vida.
No puede mi entorno mojar el mar a tu encuentro.
…Qué regreso…
Qué pilares de sombras se levantan como un templo;
encendiendo el alboroto en lejanías.
Y todo se abre…
sin que nada ni nadie pueda devolverte estas hojas,
arrimarte estos días,
y callar el silencio,
y ablandar lo necesario,
y aguantar esta lluvia indolente
que todo dice y nada nos cuenta;
que va pariendo imágenes
con verbos perdidos, sin un recado.
Vos tenés una aurora de invierno
y yo tengo ese frío embalsamado…,
suspirando en mi boca.
Estarás despertando a nuevos puertos,
con mañanas enceradas de nostalgia.
Buscando tus latidos perdidos,
y a cada paso podrás encontrarme
hundida en el cielo de tus lagrimales,
inmersa en soledad;
diciendo mi reloj insinuador
que tanto te quise
y que aún te guío
de este lado de la vereda
donde vos no pisás.
Donde vos me ves entre corales
junto a otras nubes
junto a otras tardes.
Te amo salpicada de malvones.
Te presiento enjaulada en mi voz
que desea tu horizonte.
Cargada de esta noche en primavera
que aún necesita abrazos.
Con la nueva azalea brotada de soles,
te hablo, desde este hambre.
Bajo el monte del olvido
que no pude escalar
te confío mi piel abstracta,
que nunca llenó los almanaques,
que siempre se enjuagó de flores
huidiza de carbón.
Así te alimento con esta distancia
sin olas ni plegarias.
Con barcas de por medio que no avanzan;
con hombres y peces embriagados;
costeando un amor tan alto.
Buceo tus migas de esperanza,
y tu carne de viaje
se hace adentro tan ligero
que me cuesta creerte,
y el recuerdo no alcanza.
Y el no tenerte, con los versos al olvido
se descubre en un momento…,
y se diluye en el aire.
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