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Por dónde se empuja
a la brisa que me lleva
cubriendo lejanías
y objetos cercanos.
Se va entibiando este pesadumbre
de retratos rotos y de agujas sonoras,
y de toda construcción embalsamada
derritiéndose al sol.
Remuevo el horizonte de un día eterno
vivido ya mil veces,
con todo el pasado en celuloide
de cerebro gris.
Elijo trozos de mi organismo
para componer las figuras
cuando se nubla el cielo de los ojos;
y no se ven las calles ni las manos,
ni las tuyas le cuentan cómo está el paisaje
a mi ceguera muda
que no te advierte
la distancia ni la angustia.
La angustia del recuerdo y del mañana;
de tu viaje y de amigos de nudos,
de mi cuello duro
y mi torpeza en la sangre.
Cómo postergar el sueño de las costas
por un parto ausente
y ese filo agonizante de la noche
que nos parte en tres.
Y llega el abrazo de espanto
y el engaño de la vida
para que te quedes.
Y ahora aún más frío…
espero qué vendrá
con la muerte adentro.