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«Centenario»

Parque misterioso, paraíso solo.
Calles, de bicicletas eras en aquel entonces.
Caballitos de veletas.
Árboles y errores.
Otro cielo guardó tus nidos.
Guardás entonces mis picos de llanto,
mis plumas ciegas, mi abrazo de hamaca,
mi lucha de pasto,
mi miedo de ruedas, y mi libertad…
así, entre espinazos, y dura corteza.
Aunque más superficial
sos tanta luz ahora.
¿Qué te hicieron?
Te volvieron rococó rosado.
Pintaron de cartón belleza tu esencia de vida.
Menos auténtica, para mi piel…, vos sabés
a través tuyo descubrí mi espacio.
Peluquín de fantasía.
Ahora vas montado en tus soles,
tus fuentes hasta el cielo,
tus árboles balcones.
Señores de piedra, tu lago dormido.
Parque. Escuela. Bello parque.
Aún así. Cuatro o cinco cuadras:
Te siento mi tierra.
Paz de campo mutilada en la avenida.
Paraíso solo. Sueño profundo.
Ayer de sueño. Parque pasado.
Escondido parque, aún así.
Cuatro o cinco años.
Te siento mi vida. Te siento padre.
Centenario. Hermosura agreste.
Abrazarte de un solo abrazo.
Si mi infancia es un secreto entre los dos.
De un paso abarcar tu mundo.
Remontarme en tus aires.
Hasta ahora la piedra me canta,
canciones de cuna, tus fuentes colores.
Cantan tus patos, tu vida canta
tu cielo, ya no cielo raso raso dejado en el olvido.
Hermano, de tu paz me alimento,
de tu verde respiro.
¿Conmigo irás creciendo?
Centenarios en mi mundo
y medio lejano, no sé cuando,
otro aniversario de amigo.

«Podré tranzar con la naturaleza»

Vine a buscar, quien me escucha,
la mansedad del agua.
Puedo ver ahora toda la hermosura
y en el silencio me siento recortada,
recortada por tijeras, quien me escucha,
de la imperfección humana.
Y si nadie me escucha no pasará nada,
total no podré verlos ni escucharlos tampoco.
Mi lucha tan imbécil se hace carcajada.
Pájaros míos cómo envidio sus alas.
Ahora mi vida está toda enredada.
La palabra conflicto tan lejos de todo.
En este momento hay selva entre mis ojos,
hay selva entre mi pelo.
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos,
recolectando misiles de sol.
Ansiedad naturaleza de pedirte perdón;
porque mi cuerpo es también de agua
pero no es como este lago que adormece tranquilo.
Se estremece convulsivo en ardiente batallón.
Por eso ahora yo siento que mancho este paisaje.
Nacimos y crecimos reventando el ladrillo.
Mis manos ahora sangran
y todavía no estoy llorando.
Y sí quiero darles mi canto,
y sí quiero que escuchen.
Lago tranquilo enséñame a mirar.
Vos abrís los ojos
y ya en vos tenés el día.
Los árboles y el cielo pintados no están
y yo quiero mirar, y no solo mirar;
y lo veo todo tan hermoso…,
para el que me escuche
no puedo reaccionar.
vivimos martillando
hoy fuera está la calma
adentro tempestad.
Y simpleza de mar.
¿No existe esa simpleza?
Ansiedad, Valeria, de tenerte en mis brazos.
Pajaritos míos, enséñenme a volar.

«Como dos gotas de agua»

Eran dos gotas de agua
que se encontraron en la ventana.
De un lado el paisaje se veía hermoso,
los sauces lloraban al cielo
pidiéndole ternura al sol.
La gota miraba extasiada su verde sin razón,
temía que la tierra la absorbiera
y quería correr por la pradera.
Pegada a la ventana sentía su acuática figura
deslizarse por la madera.
Había un lecho de flores donde estaba ella
mares de algas…
horizontes naranjas bañando su cintura
médanos de arena.
Todo esto lo veía la otra gota,
la que venía del sauce y la pradera.
Cada una atropellada
dando espalda a su hermosura
por la cornisa se balanceaba
en su cápsula de luna.
Dos aguas en vidrio frío
de las hojas se venían deslizando,
una era lágrima, la otra río.
Ahora son materia donde empieza la vida,
por el vidrio se observan, nitrógeno y oxígeno.
Se observan, se respiran.
Eran dos gotas de agua que de tanto mirarse
se perdía una en la otra
hasta absorber el paisaje
del que la otra venía.
Se empañaban sus ojos…
aunque fueran cristalinas,
dejaron de sentir el cielo
y el vidrio desaparecía.
Son dos gotas de agua
que por rejas complejas de deslizan.
Se entendían entonces,
sin comprender los caminos
prefijados por aquella estructura de hierro
por donde van a puntillas;
ciegas se sorprenden,
y aunque una u otra un poco más deformada
se empiezan a estrechar
su perfección líquida.
Y se asustan las gotas,
pierden primero las botas
y después el paraguas.
Dos gotas se sintieron hermanadas
y empezaron a perder el tiempo
reflexionando por su morada.
Sin razón se fueron meciendo,
tras la pérdida de gramos
las gotas tuvieron miedo;
que un átomo más, que un átomo menos.
Para hacerle frente al fracaso,
superficialmente se unieron en un abrazo.
De la ansiedad se hicieron laguna
hundiéndose en sus propios cuerpos,
por la persiana hasta los mosaicos.
Las dos gotas dos gotas de agua
se retorcían en el trapo.
Una era dique la otra esperanza
ambas poesía dentro de un vaso.
Y las gotas obsesivas, ciegas, se amoldaban
a la vieja acera de ollas y platos.
Para volver luego
a sus mundos tan lejanos.
Pero eran dos gotas de agua
con miedo a la confusión, de identidades,
miedo al rechazo.
Pasó el tiempo, y de tan iguales,
un buen día las pescaron.
Llegó un batallón de gotas
empujando por el caño.
Se perdieron en su masa
y sin mirar por la ventana
fueron agua, sin más vueltas,
se perdieron sus memorias;
el sutil miedo al contacto.
En bullicios de cascada
las gotas por orgasmos,
lloraron así las gotas
de sal se procesaron.
Dos gotas de agua, entre ellas se ahogaron.
Y después llegó el sol,
las lágrimas borraba
el mar se evaporaba;
las gotas se secaron,
llegaron hasta el cielo
livianas y blancas por médanos, praderas
se fueron volando.

«Superficie»

Tanto te conozco
tan poco te tengo.
Ternura detrás de los pasos,
ternura bajo la charla.
Te busco con mi cuerpo
y mucho no te encuentro.
Si es irme de tus ojos
viajar con mis historias tan ligero
en vez de detenerme y caminarte,
también en la piel nos sumergimos de miedo.
Y eso es todo lo que vos sentías,
por eso tanta confusión de confianza.
Parece que hacer el amor es tan grande,
puede ser que tanta entrega sea también nuestra huida;
las ganas de hacerle frente a la simbiosis que nos distancia.
Pero yo no voy a pensar en nada,
ni en mis caricias ni en mis palabras.
Puedo darte mi alegría,
expresarte lo que siento cuando vos me expresás.
No nos sumerjamos más para no mirar.
Quiero detener mis relojes internos,
contar las horas en tus ojos.
Sin esperar tu señal
yo te voy a estar dando amor.
A toda tu estantería
voy a darle un juego más,
para que puedas marearte sin encarcelarte.
Dejá salir toda la ternura.
No me voy a idealizar, no me voy a volar.
Tanto fuego puede no quemar nada.
Pero quiero caminarte, sin detenerme, espaciarte…;
qué importa mi amor, adónde lleva el camino;
ya no me voy a alarmar.
Y quiero sembrarte, poder amar.

«Mañanas»

Tu mano es paloma en mi pestillo,
la paloma es el vuelo de mi mañana,
mi mañana es tomillo en tu pelo,
tu pelo noche de roble,
roble es peldaño y calzada;
sobre tu calzada mis ojos inertes
y a mis ojos tu candor de avellana.
La avellana para el viento
y el polen ruiseñor de canción tiznada,
el que quemó las sombras
para envolver estos días
con la vida paseándose libidinosa,
loca y dulce por la cama,
tan hueca como el mate lleno,
lleno hoy en tus pupilas
jugando durmiendo
sobre adobe adobe de mi casa fausta.
Luna de mis hierbas
tierna de estrellas.
Café de sueño,
y se escucha el ruidito seco
de madera hincada.
Sobre el pestillo tu mano,
como una paloma volando en mi mañana.
____________ – ___________

«Hallando»

Qué infinito mundo
acalla por tus poros.
Qué interminable cauce de río
se precipita por tus ojos.
Qué fría niebla que acontece
sobre tu sombra, incluso.
Qué oscuro torrente en tus hombros,
qué mundo tenebroso y oprimido,
qué luz mágica revela tu presencia.
Desde afuera tu isla, qué oscura
de infinitos pozos entre toda esta gente divertida.
Cuando tus labios de mudos
son sangre de fruta muerta.
Qué apagón con tu silencio
en el medio de la selva.
¡Se trata de ser EXTROVERTIDA!
en la urbanidad, cuántas hojas secas.
Y cuánta sabia corriendo por tus venas.
Intelecto monstruoso que nadie recibe,
tanto artificio, tanta pocilga.