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“Mi pieza”

Mi pieza es una flor
que no se abre a la primera estrella,
la ventana es chica para mucho cielo;
pero ella tiene su cielo raso,
cielo verde, desteñido,
su azul quedó en el agua estancada sobre el suelo.
Te abrís a tu propia estrella de mimbre,
la circundan pájaros,
y la chala, hoja del choclo, campo sembrado,
campanitas, luz interna.
Ella vive, yo la amo.
Es feliz en primavera,
a la tarde está de escuela
cuando dejo el guardapolvo blanco.
Triste un domingo,
vagabunda, muy callejera..
Es un grito a la alegría,
al tiempo y a la vida.
Es correo de mis días,
tiene escrito lo que siento
en su espacio caliente,
mi pieza ya es humana,
tiene el alma de nosotras,
mi niñez está pegada en sus paredes.
Adolece conmigo,
amor y llanto,
crecimos juntas, yo la siento;
arcoíris en la mañana,
enjambre en el verano,
mariposa nocturna en las noches blancas.
Mi pieza es mi mundo en materia viva,
cal y ladrillo,
callada y parlanchina;
es mi ser en sus dibujos,
sus muñecos y sus libros,
camina, corre y vuela a mucha altura.
Yo la miro y me mira.
Mi pieza tiene historia,
es un delirio, el de mi propia vida;
las paredes son esponjas infiltradas de poesía.
Su sabia fluye del corcho blando.
Ella existe y respira, es arte,
es la pieza de mi cuerpo que registra la tibieza.
Yo la miro y me mira.
…Le pregunto: – ¿Qué pensás?
Me responde: – En nuestra vida.

“Cielo en la explosión del mundo”

Lluvia amiga del sueño,
tarde tenebrosa, oscura;
crepúsculo intenso,
las estrellas se asustan.
Artista del cielo,
no pegues hoy la Luna;
cortala en pedacitos
que caiga con la espuma.
Pintá el cielo de negro
y no pongas brillantina,
los peces van a verlo
la noche se aproxima.
Dejá que el firmamento
sea espejo de mentiras,
de silencio, noches frías.
Las olas lo besan
y se manchan de pintura,
sienten el gusto ácido de la vida.
Cielo de mentira,
de oxígeno y censura…
…Éste es el último cielo,
verdadero, que demuestra la negrura.
En él no se respira,
el dibujante del cielo ha muerto,
ahora baila en las orillas
del mar que se evapora,
la sal se esfuma en tu amargura.
Último firmamento,
marcás el fin del mundo,
mundo tonto, mundo estrecho,
se abre al Universo tu aureola de atmósfera.
Cielo de muerte.
Mundo de espacio y tiempo;
tu tiempo fue la vida marcada por el ego,
tu tiempo fue en eventos,
hasta este cielo, que ya es la nada,
nada en la muerte,
por un invento…
del artista del poder y el tiempo.
(El hombre)

 “Células”

Salto las barreras del sueño.
Ya no es mi cabeza
ni mil cabezas juntas;
ahora son miles de células
como enanos por senderos,
que en infinitas carreras
cantan en versos sus coplas lindas;
mariposeando juntan estrellas,
incendian cielos.
Dentro de mí la fuerza interna,
la iniciativa, de entrega y miedo,
superan baches, olas inmensas,
circundan barcos, arman veleros
que van al viento,
y con muchos bríos
siguen el juego sin un destino.
Mil células de hielo
caminan sin camino.

“La vida de Juán”

Tu vida anochecida al alba,
embarazada de miedo,
el seno que te trajo al mundo
te dio la voz y pidió el silencio.
Viniste lleno de sol,
vida pura, brilla tu instinto;
tu vida es el girasol
que vio aquel brillo y se encandiló,
se incendió con su propio ardor
y no nace de sus cenizas,
queda marcada, muerta está
y el silencio la acaricia.
Sus hojas se han secado
pero el viento lleva semillas,
las deja en todo el mundo
y ahí está el destino.
Tu vida marchitó
cuando a la desnudez del instinto
la vistieron de vergüenza,
embarazada de miedo.
Tu vida muere de ocaso;
y de ella brota el silencio,
ese mismo con que te hicieron
desde el seno que te trajo al mundo.

“Parálisis”

Una venganza de amor,
un martirio constante
me mantiene planeando,
trenzo odio en las tardes
y ni un grito de paz,
ni un latido de olvido
brilla en mis ojos, de amor,
de espacio y tiempo
que contados con los dedos
pasan cansados,
ya sin misterio
por mi balcón.
Miro a la gente,
no tengo paz;
quiero gritar y estoy tan quieta;
es que mi sangre golpea, mi amor,
pero mi piel se acostumbró al intervalo,
a la quietud del verano,
a los días largos.
Es que tengo amor
y en mis ojos no brilla olvido.
Hay castillos… llenos de vida,
hay pensamientos con movimiento;
pero el entierro es mi destino.
El pasado me acaricia.
Sigo sentada, miro las plantas.
Ya no hay amor, amor,
ahora es venganza.

“Nosotros”

“Nosotros”

La vida no vale sin un “nosotros”,
él da ganas, da fuerza,
quiere vivir, quiere correr,
él quiere todo.
El “yo” solo se tira,
y queda colgado del cielo raso.
Un “tú” lo mueve o lo paraliza.
Marionetas simbióticas que forman
uno muy fuerte, no tiene ocaso,
el “nosotros”, calor humano.
El “tú” es el triunfo equívoco del “yo” jugado.
El “tú” eleva por los aires,
el “tú” arrastra por el suelo,
el “tú” nos incentiva
y al “tú” le hacemos caso;
nos llama, ama y traiciona.
El “tú” manipula a un “yo” paralizado.
¿Un “yo” vacío? ¿Un “yo” cansado?
Para “yo” “tú” es la vida misma;
pero un “yo” mismo, fuerte y “nosotros”,
es mucho más sano.
En “nosotros”
“tú” eres la flecha que cruza mi espalda,
“tú” eres el sopor que llama a mi sueño,
“tú” eres el trinar que llama a mi danza;
la brisa que me mueve.
“Tú” incendias mi terreno fogoso
de cardos y espinas
y amanece en incienso milagroso
mi cuerpo de calor humano.