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“Vacío”

Estoy infinitamente sola,
como ese mar, barranca de los lobos,
donde ya no hay lobos, ni el viento canta.
Yo soy la que me alejo por el camino,
sin ganas, sin nada.
Perdí las horas, la voz, y al amigo que me dio la carne.
Tierra, finca callada, así estoy yo,
quebrada, golpeo inútilmente, en la barranca,
quieta y fuerte como el mar.
Y siento que me caigo;
mar lleno, espacio grande,
es tan triste tu huída,
¡no huyas!, los hombres te aman,
así dicen, se bañan en tu orilla.
Y extendida ahí me quedo,
muchas veces parlanchina.
Quedo sola, triste y vacía
en mi crepúsculo interno,
con lágrimas que no respiran.
Los hombres te aman,
te aman los hombres;
pero ellos pescan en tus orillas.
Y voy camino abajo,
y corro sin comida, sin sol, sin sensaciones,
por arenas movedizas
hasta mi entierro, inmensa finca.
Y escucho gritos: -¡Valeria, Valeria!-
– Acá estamos, te seguimos.-
Pero genes del amor no germinan en mi vida;
la gris materia apretó mi corazón.
El cielo y el viento en mí son razón;
ya no hay sentimientos, no tengo amor,
porque me veo siempre en mi espejo interno.
Te miro y no te veo,
estoy tapada por las aguas,
fondo oscuro, narcicismo.
Dónde quedó la fortuna
que pude quitar del mar,
allí donde hay silencio y explotan los hombres.
Estoy oscura, como el mar de aceituna,
de las barrancas de esa ciudad,
donde no hay lobos.
Por si estorban, por si gritan,
los matamos y ya está.

“Me estoy perdiendo”

Toco al mundo con mis manos,
me penetra y me despoja.
No quiero ser materia;
me siento hipnotizada por la piel de la serpiente,
y estoy entre mi piel y su sabia enredadera,
estéril, como mi sueño caldeado,
enceguecido por la sombra inoportuna de mis acciones.
Bosque húmedo y caliente,
ya no te encuentro;
una serpiente se enroscó en tu vientre
y comió tus nidos.
Me siento afuera.
Bosque caliente de mil fracciones,
ya no te cuestionan mis pájaros nocturnos.
Y estoy afuera, sólo siento mi periferia,
o estoy adentro, pero una parte no toco;
qué es eso tan profundo
de mí que está prohibido.
Quiero sentir mi sangre en lo más hondo,
pero los murciélagos me han mordido.
Ellos no vienen del bosque,
salen en arcadas del estómago de la serpiente,
y me vaciaron en el impenetrable.
Hay una parte que no conozco,
zona profunda de mi ser
que no se entibia cuando baja el sol
y traspasa mi cuerpo de alambrado.
Bosque infinito,
la serpiente va a llegar a masticarte el cielo.
Estoy externa, y tengo miedo
de perder el aire, el pensamiento,
la sensación del verano, la danza y el sueño.
Es que bailo con tus guirnaldas,
mundo anfibio, porcelana,
tan frío y decorado,
no quiero convertirme en algo más de tu pintura,
pero tu mover ondulante me cautiva y te persigo
en tu reptar continuo,
con tu aire venenoso.
Seguridad interna,
tristeza verdadera,
me llena tu delirio,
estéril, sin sentido.

“Argentine Republic”

Argentina vas montada,
en la gran rueda que intenta ligera y ciega
andar por el fango, estancada.
Naciste en un mundo apretado, de consumo;
y así creciste, despersonificada.
Hoy tu cuerpo doloroso
está vacío de energía,
pero vos seguís gritando
impaciente y sometida.
Tenés suelo de platino y la sangre derramada.
Dentro tuyo está el camino y no lo ves,
extrovertida, hipnotizada por la rueda del consumo y la mentira.
¡Sudamérica desnuda,
una parte de tu tierra ya no llora!,
te volviste insensible al final de la cintura.
Argentina, ciudad puerto;
Buenos Aires, herradura;
campo abierto, cielo limpio;
extraviada por censura
está tu historia y tu cultura,
y tu gente que especula
sobre la vida y la muerte.
Tus fronteras son filosas,
orillas de misterio,
sol que titila, no es de noche ni de día
en tus calles con mil dudas.
Tu piel respira,
está tatuada por mil manos,
mil cabezas.
En tu espacio, embalsamado
está el sonido del hornero,
del búho y la Chinchilla,
grito humano sobre el eco del silencio,
en los Andes, en la pampa,
bajo el cielo de cemento,
canto y copla y el lamento del huancar.
Argentina, arte muerto,
derrochaste tus palabras,
y llegaste a tropezones,
apurada y confundida,
siglo XX, mala vida,
cambalache y poesía.
Embalada, abierta al mundo,
insegura en lo más hondo,
y corrías y corrías, porque siempre fuiste “sabia”.
Pachamama, te explotaron la inocencia
de corral, sierra y alfalfa;
de vientos sin timones
que deambulan sobre el cerro;
mariposeás en tu entierro,
Ave Fénix, renacés de tus cenizas…
Tierra llena;
te olvidaste de tu enigma:
Quién te cuida, quién te busca y quién te llama.
Caminás en la injusticia,
pies de acero sobre llamas.
Te resbalás sobre el fango,
por la rueda vas tirada.

“Mi pieza”

Mi pieza es una flor
que no se abre a la primera estrella,
la ventana es chica para mucho cielo;
pero ella tiene su cielo raso,
cielo verde, desteñido,
su azul quedó en el agua estancada sobre el suelo.
Te abrís a tu propia estrella de mimbre,
la circundan pájaros,
y la chala, hoja del choclo, campo sembrado,
campanitas, luz interna.
Ella vive, yo la amo.
Es feliz en primavera,
a la tarde está de escuela
cuando dejo el guardapolvo blanco.
Triste un domingo,
vagabunda, muy callejera..
Es un grito a la alegría,
al tiempo y a la vida.
Es correo de mis días,
tiene escrito lo que siento
en su espacio caliente,
mi pieza ya es humana,
tiene el alma de nosotras,
mi niñez está pegada en sus paredes.
Adolece conmigo,
amor y llanto,
crecimos juntas, yo la siento;
arcoíris en la mañana,
enjambre en el verano,
mariposa nocturna en las noches blancas.
Mi pieza es mi mundo en materia viva,
cal y ladrillo,
callada y parlanchina;
es mi ser en sus dibujos,
sus muñecos y sus libros,
camina, corre y vuela a mucha altura.
Yo la miro y me mira.
Mi pieza tiene historia,
es un delirio, el de mi propia vida;
las paredes son esponjas infiltradas de poesía.
Su sabia fluye del corcho blando.
Ella existe y respira, es arte,
es la pieza de mi cuerpo que registra la tibieza.
Yo la miro y me mira.
…Le pregunto: – ¿Qué pensás?
Me responde: – En nuestra vida.

“Cielo en la explosión del mundo”

Lluvia amiga del sueño,
tarde tenebrosa, oscura;
crepúsculo intenso,
las estrellas se asustan.
Artista del cielo,
no pegues hoy la Luna;
cortala en pedacitos
que caiga con la espuma.
Pintá el cielo de negro
y no pongas brillantina,
los peces van a verlo
la noche se aproxima.
Dejá que el firmamento
sea espejo de mentiras,
de silencio, noches frías.
Las olas lo besan
y se manchan de pintura,
sienten el gusto ácido de la vida.
Cielo de mentira,
de oxígeno y censura…
…Éste es el último cielo,
verdadero, que demuestra la negrura.
En él no se respira,
el dibujante del cielo ha muerto,
ahora baila en las orillas
del mar que se evapora,
la sal se esfuma en tu amargura.
Último firmamento,
marcás el fin del mundo,
mundo tonto, mundo estrecho,
se abre al Universo tu aureola de atmósfera.
Cielo de muerte.
Mundo de espacio y tiempo;
tu tiempo fue la vida marcada por el ego,
tu tiempo fue en eventos,
hasta este cielo, que ya es la nada,
nada en la muerte,
por un invento…
del artista del poder y el tiempo.
(El hombre)