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 “Células”

Salto las barreras del sueño.
Ya no es mi cabeza
ni mil cabezas juntas;
ahora son miles de células
como enanos por senderos,
que en infinitas carreras
cantan en versos sus coplas lindas;
mariposeando juntan estrellas,
incendian cielos.
Dentro de mí la fuerza interna,
la iniciativa, de entrega y miedo,
superan baches, olas inmensas,
circundan barcos, arman veleros
que van al viento,
y con muchos bríos
siguen el juego sin un destino.
Mil células de hielo
caminan sin camino.

“La vida de Juán”

Tu vida anochecida al alba,
embarazada de miedo,
el seno que te trajo al mundo
te dio la voz y pidió el silencio.
Viniste lleno de sol,
vida pura, brilla tu instinto;
tu vida es el girasol
que vio aquel brillo y se encandiló,
se incendió con su propio ardor
y no nace de sus cenizas,
queda marcada, muerta está
y el silencio la acaricia.
Sus hojas se han secado
pero el viento lleva semillas,
las deja en todo el mundo
y ahí está el destino.
Tu vida marchitó
cuando a la desnudez del instinto
la vistieron de vergüenza,
embarazada de miedo.
Tu vida muere de ocaso;
y de ella brota el silencio,
ese mismo con que te hicieron
desde el seno que te trajo al mundo.

“Parálisis”

Una venganza de amor,
un martirio constante
me mantiene planeando,
trenzo odio en las tardes
y ni un grito de paz,
ni un latido de olvido
brilla en mis ojos, de amor,
de espacio y tiempo
que contados con los dedos
pasan cansados,
ya sin misterio
por mi balcón.
Miro a la gente,
no tengo paz;
quiero gritar y estoy tan quieta;
es que mi sangre golpea, mi amor,
pero mi piel se acostumbró al intervalo,
a la quietud del verano,
a los días largos.
Es que tengo amor
y en mis ojos no brilla olvido.
Hay castillos… llenos de vida,
hay pensamientos con movimiento;
pero el entierro es mi destino.
El pasado me acaricia.
Sigo sentada, miro las plantas.
Ya no hay amor, amor,
ahora es venganza.

“Nosotros”

“Nosotros”

La vida no vale sin un “nosotros”,
él da ganas, da fuerza,
quiere vivir, quiere correr,
él quiere todo.
El “yo” solo se tira,
y queda colgado del cielo raso.
Un “tú” lo mueve o lo paraliza.
Marionetas simbióticas que forman
uno muy fuerte, no tiene ocaso,
el “nosotros”, calor humano.
El “tú” es el triunfo equívoco del “yo” jugado.
El “tú” eleva por los aires,
el “tú” arrastra por el suelo,
el “tú” nos incentiva
y al “tú” le hacemos caso;
nos llama, ama y traiciona.
El “tú” manipula a un “yo” paralizado.
¿Un “yo” vacío? ¿Un “yo” cansado?
Para “yo” “tú” es la vida misma;
pero un “yo” mismo, fuerte y “nosotros”,
es mucho más sano.
En “nosotros”
“tú” eres la flecha que cruza mi espalda,
“tú” eres el sopor que llama a mi sueño,
“tú” eres el trinar que llama a mi danza;
la brisa que me mueve.
“Tú” incendias mi terreno fogoso
de cardos y espinas
y amanece en incienso milagroso
mi cuerpo de calor humano.

«Amor»

Amor sin dimensión.
Amor sin latitudes,
amor de polo a polo
recorre el mundo y sale al espacio.
El grito retenido en mis entrañas
crece y sacude hierbas, sacude campos.
Mi amor es una nube
que llueve el gusto amargo de los días
y se hincha de pureza.
¡Oh el eléctrico ardor
que viaja en mil noches al centro de la Tierra!
Mi amor es infinito,
él no tiene fronteras,
él no tiene tiempo, ni lugar, ni motivo.
Mi amor es espejo.
Es una luna en cuarto menguante,
ilumina al viajero su camino perdido.
Es claro como el agua,
es simple, es la música de un río
que avanza soñoliento,
que avanza sin motivo .
En él no existe el frío.
Calor humano, calor divino.
Mi amor es infinito,
él no tiene fronteras,
él no tiene tiempo, ni lugar, ni motivo.
Mi amor es espejo.
Es una luna en cuarto creciente,
ilumina al viajero su esperanza perdida.