por Valeria Kamenet | Ene 20, 2022 | Lírica Adolescencia
Ciudad severa, tan gris y tan bella.
Tan llena de nostalgia.
Lluviosa, aún soleada
y verde en una plaza.
Asfalto se figura.
Dibujo de Picasso,
todo un solo plano,
de negros nubarrones,
y mil jacarandás,
y largos vestidores.
Madres ensalzadas
y enormes chupetines.
Ciudad, escultura,
dura y vibrante.
Ciudad volcán,
enigmática en silencio,
y otra vez por explotar
en un grito rompe cielo,
en un fuego de palomas
para la libertad.
Y en una escarapela.
Ciudad…,pisada por sus huellas
que no tienen porqué pisar,
porque solo son dibujos
que ya no pueden curar.
En caras vacías
y manos arrugadas.
Ciudad de pelo largo,
que nació con la chaqueta
y de geta al mundo viejo.
Donde todo es en joda,
y ella tan nostálgica,
es una carcajada.
Es una niña que come chocolate
sin ensuciarse la cara.
Una luna en cuarto creciente
que acorta la vida.
Obra social, frente a mi frente;
que raro que parece
cuando todo termina.
Donde toda la pureza
es feria de mercado
y uno es un soldado,
y el pasto centinela.
Ciudad que respira río contaminado.
Ciudad feliz, al fin y al cabo.
Emerge en los recuerdos
Corrientes de mil corrientes
tangueras y cholulas.
Tardes diurnas, mediodías,
y tu gran filosofía
de libros o barbarie.
Y ahora en matecitos
pedís los mil perdones.
Ciudad gris, entre algodones
está tu fantasía.
por Valeria Kamenet | Ene 16, 2022 | Lírica Adolescencia
El sol llega a mi tierra,
todo brilla, todo brilla…
Y los ojos de la gente
se desperezan, de angustia;
el sol renueva.
Roza la calle,
queda en la gente, dormido…
y así despierta.
Todo brilla, brilla.
El sol llega a las raíces de mi ciudad,
raíces de asfalto,
de árboles de otoño,
de amores estancados.
Raíces de sonrisas perdidas,
de cantos olvidados;
y nos impulsa a la vida.
Estremece el cielo
azul y caprichoso
se eleva…, se eleva…;
muerde ramas,
llora en los ojos de quien lo mira
y se estremece…, por la vida.
Ciudad sembrada
es la cosecha
del viento en la vereda
que gritaba,
y trajo la luz en sus hojas doradas,
de metal frío,
invierno tieso, melancolía.
La sabia se hincha en el aire,
circula por las venas
verdes de mi tierra.
Polvo amarillo, Jacarandá.
Aire azul, de primavera;
piel llena de lirios;
todo brilla, todo brilla
todos bailan en delirios
de sueños de pasiones
con nuevos soles en la cabeza,
con más fuerza.
El mundo gira alrededor del sol;
y el sol… está muy cerca de mi tierra.
por Valeria Kamenet | Ene 16, 2022 | Uncategorized
Estoy infinitamente sola,
como ese mar, barranca de los lobos,
donde ya no hay lobos, ni el viento canta.
Yo soy la que me alejo por el camino,
sin ganas, sin nada.
Perdí las horas, la voz, y al amigo que me dio la carne.
Tierra, finca callada, así estoy yo,
quebrada, golpeo inútilmente, en la barranca,
quieta y fuerte como el mar.
Y siento que me caigo;
mar lleno, espacio grande,
es tan triste tu huída,
¡no huyas!, los hombres te aman,
así dicen, se bañan en tu orilla.
Y extendida ahí me quedo,
muchas veces parlanchina.
Quedo sola, triste y vacía
en mi crepúsculo interno,
con lágrimas que no respiran.
Los hombres te aman,
te aman los hombres;
pero ellos pescan en tus orillas.
Y voy camino abajo,
y corro sin comida, sin sol, sin sensaciones,
por arenas movedizas
hasta mi entierro, inmensa finca.
Y escucho gritos: -¡Valeria, Valeria!-
– Acá estamos, te seguimos.-
Pero genes del amor no germinan en mi vida;
la gris materia apretó mi corazón.
El cielo y el viento en mí son razón;
ya no hay sentimientos, no tengo amor,
porque me veo siempre en mi espejo interno.
Te miro y no te veo,
estoy tapada por las aguas,
fondo oscuro, narcicismo.
Dónde quedó la fortuna
que pude quitar del mar,
allí donde hay silencio y explotan los hombres.
Estoy oscura, como el mar de aceituna,
de las barrancas de esa ciudad,
donde no hay lobos.
Por si estorban, por si gritan,
los matamos y ya está.
por Valeria Kamenet | Jul 25, 2021 | Lírica Adolescencia
La bocina del tren suena a lo lejos,
toda la masa de gente que sale de la estación
parece que no ve ni escucha todo lo demás,
todo lo exterior.
Toda la gente con algo de locura
camina sometida a la rutina,
al horario y al descontrol.
Así es como yo lo veo.
Yo no tenía mesura,
allá en la pradera montaba al viento
que salvaje como un rebenque
golpeaba el cielo hasta el sol.
Yo allá tenía paz.
La gente pasa, yo quedo atrás.
Me siento en un banco;
miro las alturas de la ciudad,
torres, relojes, campanas, barcos,
humo, sirenas, tráfico, vidrieras.
Yo acá soy algo más,
una rama, un racimo de cerezas;
allá era una sola
en medio de toda esa naturaleza.
Amigo campo, amigo río,
amiga noche, amiga estrella.
Allá corría por la paz;
acá corren por vergüenza;
nadie sabe adónde va.
Yo corría hasta más allá
del horizonte que mis ojos vean.
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