La bocina del tren suena a lo lejos,
toda la masa de gente que sale de la estación
parece que no ve ni escucha todo lo demás,
todo lo exterior.
Toda la gente con algo de locura
camina sometida a la rutina,
al horario y al descontrol.
Así es como yo lo veo.
Yo no tenía mesura,
allá en la pradera montaba al viento
que salvaje como un rebenque
golpeaba el cielo hasta el sol.
Yo allá tenía paz.
La gente pasa, yo quedo atrás.
Me siento en un banco;
miro las alturas de la ciudad,
torres, relojes, campanas, barcos,
humo, sirenas, tráfico, vidrieras.
Yo acá soy algo más,
una rama, un racimo de cerezas;
allá era una sola
en medio de toda esa naturaleza.
Amigo campo, amigo río,
amiga noche, amiga estrella.
Allá corría por la paz;
acá corren por vergüenza;
nadie sabe adónde va.
Yo corría hasta más allá
del horizonte que mis ojos vean.
Comentarios recientes