Subiendo por la orilla
de esta mañana tan soleada
como el color de tus ojos
que reman en mis aguas perdidas.
Costean paisajes espinosos
de luna y miel
y muelles de dientes filosos,
y ceibos de labios rojos.
Se derriten las gotas
en nuestros pasillos amargos
de baldosas frías…
aún cuando es colchón la noche,
pero la tarde permanece en mi mano
y rasguño tus paredes de nylon,
trepo por esta telaraña.
Resistiendo al cielo celeste
vos seguís intacto
cerrando tus alas
cantando tus salmos.
Como anuncio de crepúsculo inamovible
se encuentran nuestras pupilas
alcanzando escalones
en eclipse de fuego
que se quiebra en hielo
cuando pasan las sombras.
Por un instante acariciamos el mundo
con nuestro brillito
que florece en los saltos
nuestros espectros
que se escapan en los abrazos
pero quedan latentes
en esa fuerza inválida,
en ese amor tendido,
en el polvo apantallado de nuestro pestañar
toda la verdad y la vida.
Comentarios recientes