por Valeria Kamenet | Feb 27, 2022 | Lírica Adolescencia
Te fuiste en tu canción,
no te necesitaba,
y después vi tu imagen toda desfigurada.
Y entonces supe que estabas muy perdido,
y aunque quiera no puedo tocarte,
no hay barcas que crucen de tu país al mío.
Esa es la verdad;
no tenés seguridad,
pero hay una muralla,
y estás más lejos cuando te miro.
Tus ojos se hacen culpas,
tus arrugas son secuelas en mi alma;
te siento en el recuerdo,
cuando eras tapir y pisabas mi mañana,
y las manos eran firmes y también las palabras.
Y ahora…, desierto;
no canté tu canción,
y la culpa me mata,
por eso tanta pena al pensar en vos.
Palabras muertas,
y te escondés, y tu razón no entra en la mía,
ni tu corazón.
Tus ojos quietos,
son mis culpas,
son lágrimas dormidas
de tantos días.
Se hace tan difícil mostrarte lo que siento.
Y tu defensa entre tu puerta y la mía;
la puerta para verte a vos
como vi tu imagen en otras vidas.
por Valeria Kamenet | Ene 20, 2022 | Lírica Adolescencia
Esta vez fue poema.
Mi sentir hecho agua,
atrincherada la luna
y estrellas soldados
marchando apuntan;
lloran sus cráteres,
buscan espigas,
para ver su cuna
llena de vida.
Se llenan de odio,
regimiento de astros,
besan mis velas
que rebotan en las orillas.
Mi corona…
más literaria que guerrera.
Manantial de palabras.
Esta vez fue poema.
por Valeria Kamenet | Ene 16, 2022 | Lírica Adolescencia
Argentina vas montada,
en la gran rueda que intenta ligera y ciega
andar por el fango, estancada.
Naciste en un mundo apretado, de consumo;
y así creciste, despersonificada.
Hoy tu cuerpo doloroso
está vacío de energía,
pero vos seguís gritando
impaciente y sometida.
Tenés suelo de platino y la sangre derramada.
Dentro tuyo está el camino y no lo ves,
extrovertida, hipnotizada por la rueda del consumo y la mentira.
¡Sudamérica desnuda,
una parte de tu tierra ya no llora!,
te volviste insensible al final de la cintura.
Argentina, ciudad puerto;
Buenos Aires, herradura;
campo abierto, cielo limpio;
extraviada por censura
está tu historia y tu cultura,
y tu gente que especula
sobre la vida y la muerte.
Tus fronteras son filosas,
orillas de misterio,
sol que titila, no es de noche ni de día
en tus calles con mil dudas.
Tu piel respira,
está tatuada por mil manos,
mil cabezas.
En tu espacio, embalsamado
está el sonido del hornero,
del búho y la Chinchilla,
grito humano sobre el eco del silencio,
en los Andes, en la pampa,
bajo el cielo de cemento,
canto y copla y el lamento del huancar.
Argentina, arte muerto,
derrochaste tus palabras,
y llegaste a tropezones,
apurada y confundida,
siglo XX, mala vida,
cambalache y poesía.
Embalada, abierta al mundo,
insegura en lo más hondo,
y corrías y corrías, porque siempre fuiste “sabia”.
Pachamama, te explotaron la inocencia
de corral, sierra y alfalfa;
de vientos sin timones
que deambulan sobre el cerro;
mariposeás en tu entierro,
Ave Fénix, renacés de tus cenizas…
Tierra llena;
te olvidaste de tu enigma:
Quién te cuida, quién te busca y quién te llama.
Caminás en la injusticia,
pies de acero sobre llamas.
Te resbalás sobre el fango,
por la rueda vas tirada.
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