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Qué fuerza nos entorna
en las voces del verano
de pelea modorra,
de tíos e historias.
De escuela podridas
de ñoños y asco.
El dial de tu mano,
la radio, digo
acariciando mi frontera más pura.
Como cuando en la mañana despierto
y veo tu sombra de sábana presa.
Tus brazos entre perchas.
El sol de la terraza.
La charla en «padre nuestro»
y el miedo de fiesta.
La música nos toca
colgadas de almanaque
a una hora en la noche
frenéticas, de juventud
hacíamos boliches.
Abrazo, joda, baile.
Tu esquina y mis balcones
nada tienen que ver con la psicología.
Y después el bar, la playa
de estas vacaciones.
Nuestros gritos, cuerpo, sexo.
Sos la más amiga.
Desde aquellas muñecas,
nuestro orgullo de pieza.
Hay tantas cosas nuestras
que para otro este escrito
metáfora sería.
Qué simples las hago
entre «nuestro Cortázar»
«tu San Telmo» y «mi danza».
Y nuestros libros, o los suyos;
los libros que extendieron las naves
que abrieron los ojos
«para hacer filosofía».
Y ahora nos perdimos en los vestidores.
Nuestra historia de guerra
y consejos de amores.
Nuestras risas tan juntas
que son lirios de besos.
Ahora mismos amigos
como nunca delirios.
Después de tanto invierno en baldosas
tanto abrazo de entenderse,
qué haría sin tu sábado de risa contagiosa,
sin tu noche de pelo
y tu joda lasciva,
tu dureza aparente.
Bebitus. Generalas.
Cómo contenerte sin mi vida
o contener mi vida sin tenerte.
Y eso es tan amigo
tan necesidad como el pan.
Facturas de domingo.
Boludas de ayer y ahora.
Velazco atardeceres.
Nosotras al azar
en asados, piletas;
un bar de Yatay.
Antes fue ayer y siempre,
por eso hoy fue es y será,
tu nombre dice ojos,
flojera y andar
de puentes imprecisos
de ladrillo mental.
Patricia, si un día te vas
¿te voy a extrañar?
Vas a ser el adiós que uno nunca conoce,
falta sin carne
de esa comprensión
donde puedo ser escarabajo y vos sabés dónde estoy.
Patricia, de las mismas estrellas,
de las mismas figuras surgimos de la mano.
Chica arco y enana
de pelo ondulado
Universo de voz
y pasión brasilera
de novelas, escalera al cielo
juntas nos electrizamos.
Alguna vez lloré en tus ojos
y comí de tu plato
y no nos dimos cuenta.
Patricia… por si hoy todo
fuera así de poco,
acordate…
yo te digo que te amo.