Mis ojos se asustaron
de tu paso detenido.
Mis piernas se enroscaron
en la noche de tus ojos.
Mis manos se entumecen
en la selva de tu pelo,
mi pelo se erizó
cuando sintió tus manos.
Me da vértigo tu cuerpo
de fantasma aparecido
tan claro y humano
tan de flores perfumado
y de tajos herido.
El frío nos separa al encuentro,
un cementerio de partes juntadas;
tu ser se embalsama
en un día que pasó.
Juego con tus marcos ausentes,
vos barrés mis presentes
y me acuesto en la isla.
Lleno mi garganta de agua
y mi corazón de agua
pidiéndole perdón a mis manos,
a mis ojos, mis piernas.
Callo de fuerza
en tu presencia excesiva,
exhausta de enjambres negros
y noches recién mordidas.
Espero tu cantar angustioso
tu pelo olvidado,
tus cenizas recién paridas.
Sólo ahora te estoy llorando
sólo ahora te estoy secando.
Y abrazo mi cuerpo
mutilado de informes,
encendido de plumas
que vuela en las calles…
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