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Todo avanza y la noche es eterna
¿Dónde estamos? ¿Dónde estoy?
Esta sociedad encapsulada y deshumanizante
que a paso de zapping
privilegia el artificio y las máquinas
va deteriorando las raíces humanas.
Nos obliga a encarcelar la emoción,
a despojarnos del contacto y la mirada
para que los agujeros refracten los cuerpos
en el látex y el metal,
a edificar esas corazas que transpiran fragilidad,
muletillas de la rigidez y la frivolidad.
¿Dónde estoy? ¿Dónde estamos?
Encierro del encierro, de la profundidad,
de la huella regresiva del alma.
Aire fracturado y quieto
horizonte amordazado.
Crece la sequía y no puede germinar la luz
estancada en el tedio y la indiferencia,
en el rito banal de un asfalto cotidiano.
Cielo emocional que en la desesperanza estalla.
¡Que salga! ¡Que salga!
Que se derrame el cauce
de la carne y los huesos,
de la lágrima creadora del amanecer,
renovadora del aire, anclada en el deseo.
Regresando a lo más primario.
¡Que salga! ¡Que estalle y salga!
A ver qué se puede hacer
sólo con el silencio, con la voz, el movimiento,
y una ternura blanda.