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Y en la boca de la noche
está tatuada tu ausencia,
en su mudo letargo
me viene a adormecer en la angustia
de sentir el mundo lejos,
lejos en el bache de la noche,
lejos en su vieja muralla;
viene a ablandar los huesos
pigmentados de sol.
Empujando… se acerca tu ausencia
que tiene forma y color;
tu ausencia cancerosa
que pesa como siempre,
se extiende dolorosa
por toda la casa
arrastrada por la noche
en su fango de locura.
Ando buscando la forma de poder componerte
entre la nada que pesa
y la noche que deforma
con sus tules de sueño
tu constante huida.
Tengo tu ausencia palpable,
un vacío de muerte;
y tu presencia lejana
con un rumor de pena
que fatiga la sangre.

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Me observa impenetrable la noche
con su altivez de pantera.
Pasa lastimando,
pasa sudando;
saturada de misterio
con su sarcasmo a cuestas.
Se asoma sutilmente, cautelosa;
luego impredecible da el zarpazo;
se vuelve peligrosa y ataca celosa
cuanto vuelve a su paso.
Se burla de sí la noche,
y agoniza en sus triunfos,
ya cuando la luz del día
convierte sus sedas en harapos.
Despintada abandona de una vez esta farsa…
Se la traga la vida
sin dejar ningún rastro.