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Para qué seguir huyendo
persiguiendo indigesto a la nada,
que nunca se encuentra,
luego la nada está llena de residuos
de podrida destrucción.
Perseguir la indiferencia
y no tentarme por la fuerza
que me lleve a volar.
Es que quiero retomar a la nada verdadera,
la que nunca es pasado,
antecediendo a la angustia;
pero así no se llega, así nunca se vuela.
Sortija de infantes
columpio de arena, que derrite brazos.
Cinturón del mundo, atmósfera de espanto.
Protección de veneno que retuerce cabezas.
Qué difícil hacer algo
de individuo latente
si solamente se hace en comunión del mal.
Del mar…infestado de misiles,
que mucho piden antes de dejar crear.
Picoteando pájaros la bilis de un planeta
que se fuga incesante
quieto de avanzar,
inhóspito de espacios
ligeros de metáforas
presionado de muerte,
latigazos inocuos
de ventana adyacente.
Cómo escapa hipocresía,
cómo vuelve la ignorancia,
cómo unos tienen todo y otros nada.
Ya no escucho tu grito invisible
ni veo tu imagen muda.
Tanto hielo que esquivar,
tantas manos que partir
y miradas que olvidar.
Entre el viento que bordea contornos
y las redes que secuestran la Tierra
con tres gotas de miel
y algún aire enrarecido.
Pido perdón a la naturaleza
por no darle lugar en este alegato
a su fuerza invariable y débil;
a su trágica decisión, a su único destino.
Y pido perdón por no darle lugar
a mi naturaleza,
con un calibre veinticuatro
…me creo como un tonto que puedo vencerla.
(Adios).