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«Danza»

«Danza»

La danza es uno mismo
volando a mucha altura.
Ella lucha contra el viento                                                                                                                                                              Es un grito hacia la vida
que muerde sentimientos.
La danza motiva para ir creciendo.
Cuando va a puntillas
por la tierra plana
y le cuenta al cielo de su sabor y su olor
en contratiempos.
Ella abarca el espacio con su prepotencia
y pincha como el cactus
y es suave como el ceivo.
Estremece…
Es el alma que busca algún silbido
en tardes de verano,
en calles silenciadas,
y encuentra en el cuerpo un auge de palabras.
Cuerpo, medio de este mundo
por lucha y subsistencia.
Con él nos encontramos,
buscamos, sentimos,
y encontramos al otro.
La danza es en el cuerpo
sentir para el sentido.
Dulce para el gusto,
espuma en el tacto,
tinta en los ojos,
tierra dura para pies descalzos,
enigmática a lo externo.
Sos para ellos como reencarnación
en seres bien dotados,
pero vos estás en todo;
saumerio en el olfato;
energía para un músculo naciente
que hoistencia.
La danza es lucha,
es cuando uno se encuentra en unidad con carne y huesos.
En contra de lo inútil,
escape a lo mediocre.
Yo soy la escultura,
yo soy la escultora.
Danza, alucinada,
que quema y se derrite.
Llegás a lo más puro, a la felicidad,
porque en ella uno se encuentra
y encuentra a los demás.
Danzo y soy danza.
Me siento danza y me siento yo.

“Me estoy perdiendo”

Toco al mundo con mis manos,
me penetra y me despoja.
No quiero ser materia;
me siento hipnotizada por la piel de la serpiente,
y estoy entre mi piel y su sabia enredadera,
estéril, como mi sueño caldeado,
enceguecido por la sombra inoportuna de mis acciones.
Bosque húmedo y caliente,
ya no te encuentro;
una serpiente se enroscó en tu vientre
y comió tus nidos.
Me siento afuera.
Bosque caliente de mil fracciones,
ya no te cuestionan mis pájaros nocturnos.
Y estoy afuera, sólo siento mi periferia,
o estoy adentro, pero una parte no toco;
qué es eso tan profundo
de mí que está prohibido.
Quiero sentir mi sangre en lo más hondo,
pero los murciélagos me han mordido.
Ellos no vienen del bosque,
salen en arcadas del estómago de la serpiente,
y me vaciaron en el impenetrable.
Hay una parte que no conozco,
zona profunda de mi ser
que no se entibia cuando baja el sol
y traspasa mi cuerpo de alambrado.
Bosque infinito,
la serpiente va a llegar a masticarte el cielo.
Estoy externa, y tengo miedo
de perder el aire, el pensamiento,
la sensación del verano, la danza y el sueño.
Es que bailo con tus guirnaldas,
mundo anfibio, porcelana,
tan frío y decorado,
no quiero convertirme en algo más de tu pintura,
pero tu mover ondulante me cautiva y te persigo
en tu reptar continuo,
con tu aire venenoso.
Seguridad interna,
tristeza verdadera,
me llena tu delirio,
estéril, sin sentido.