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«Paula vieja y Juan Cestillo»

«Paula vieja y Juan Cestillo»

Calle Camargo.
Vieja Paula
y Juan Cestillo.
Amor de otoño.
Paula va lenta;
reloj de arena,
cuenta las lanas por su pollera,
en un piso de madera
y olor a albahaca,
sus sandalias comen astillas,
ceba la yerba,
piel arrugada;
y nacen yuyos en las paredes,
patio y manguera
en baldosas frías,
y en el alfeizar la gata blanca.
Malvón en mimbre
de Juan Cestillo;
ojos rasgados,
la piel trigueña,
en mangas de camisa
y barbas en cascadas,
va el martillo a las monedas,
arma sillitas
en la ventana.
A fuerza de lagrimales;
feria, mercado,
y Paula vieja de sastre al hombro
sigue llorando con la mirada.
Y Juan Cestillo
colecciona estrellas.
Hasta muy tarde,
calle Camargo,
mira a la gata
ya en la vereda.
Pregona cestos,
grandes ojeras,
modorra en primavera.
Deshoja ceibos
con los pómulos cansados,
y los ojos hinchados.
Y el dolor de amor de otoño;
tiempo de arena.

“Barrio viejo” (Tango)

Palermo viejo, calle Serrano,
y  otras pequeñas, casi zaguán,
donde el sol quema, pulverizado,
se lleva al tango que no vendrá.
Tu calle espera, triste y vacía
un bandoneón, una luz tenue
y  tu risa junto al portón.
El pasto crece.
Tu calle espera, mira ese cielo,
busca el pasado en algún rincón;
bajo la tierra quedó el tranvía,
tango dormido y algún amor.
Calle de siesta tibia y oscura.
Calle pesada,
ya derrumbada por el presente;
y  dónde está tu perfil porteño,
ese toque de melancolía,
si cuando mirás el cielo
sube el recuerdo por tus paredes.
Yo no te encuentro, ya ni te busco;
cuando voy llorando estás;
es mi voz la que está llorando…
También espero…,
que sobre mi empedrado
un tango venga a dormir.