Saldremos despacito
para ver la mañana.
Aplastando a la gente
que quedará como el agua,
que se amolda al paisaje
y al objeto.
Transparente y sin historias.
Sin dominios y el miedo sin aire.
Y podremos respirar olvidando el ego.
Después vamos a encontrar el sol
en las hojas seduciendo
con su baño soleado en la vereda.
Y vamos a echarnos a correr en la tranquilidad,
jugar en la inocencia,
descubrir en lo ya visto.
Las pelusas del sueño
nos van a sedar de amor.
Y no vamos a volver.
Aunque sigan los gritos y durezas;
porque nadie se dio cuenta
que los fuimos cambiando.
Y después de la dolencia
vamos a identificarnos,
abriéndole paso a la imperfección.
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