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Estaciono los espacios.
Se cruzan en islas fugaces de llenura
perdidas en la arquitectura de mi ser,
tan violable, … y ahora… frío.
Cuento las monedas que me dejan los días;
tengo los bolsillos rotos
y bailo, en esta dejadez
más desparramada que nunca.
El miedo, los mechones, los respiros;
vuelvo a destruirme en la quietud del cuerpo,
en los tics congestionados
y la mente calcinada.
Hipótesis fugaces…
el mañana como una vivencia,
y el presente como un pasaje;
el oxígeno es entonces ansioso
en el polvo del sol
y las sombras se vuelven
el lamento del ayer y la indiferencia,
con una cantidad de cinismo para seguir
extrañando este ahora que no existe,
que siempre se nos va de las manos,
de los nervios, y queda en la memoria…
…si es que se dignó a pasar…
hasta que decidamos VIVIR.