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Historias para que maduren
las efervescentes complicaciones
que te sostienen,
y el escapismo chato que se te escapa
es palabra sólida,
y es raciocinio fuego
que esconden la quemazón de tus lagrimales.
Llegaste con los huesos húmedos… de talento;
y con el cielo nefasto de mucho juego,
muchos datos, y pocas convicciones.
Hundido en crepúsculo,
más allá de las estampas y los calabozos.
Con el hambre en los oídos
y el silencio en las pupilas.
Bajo un cielo incrédulo de miradas ausentes,
y bocas que respiran para gritar,
cuándo vamos a encontrar
si esperamos tanto.